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Elizabeth Velázquez y Manuel Lino / Losintangibles.com

Desde hace unas semanas, debido a un error, se maneja en México la idea de que hay entre ocho y nueve personas infectadas de Covid-19 por cada uno de los casos confirmados. La cifra real, calculada a partir de los propios datos de la Secretaría de Salud y con su método de estimación, debe ser poco más de 30, lo que significa que en México debe haber alrededor de 170 mil personas infectadas. 

El pasado 9 de abril, el subsecretario Hugo López-Gatell dio a conocer en su conferencia vespertina la cifra de infectados estimados: 26 mil 519 personas. Este número parte de la base de que, sea porque son asintomáticos o tuvieron síntomas leves y no se reportaron o por cualquier otra razón, hay seguramente gente infectada con el virus SARS-CoV-2 que no está siendo detectada. 

A partir de esa estimación dada a conocer esa noche y comparando con los casos confirmados se estima que hay 8.33 personas infectadas por cada caso confirmado. Y esta relación entre confirmados y estimados se ha venido manejando desde entonces, a pesar de haber sido criticada por diferentes expertos.

Pero la cifra de 8.33 es un error. Ese número proviene de dividir la estimación de 26 mil 519 casos, que correspondía a la semana del 22 al 28 de marzo (que es la semana epidemiológica número 13), con los 3 mil 181 confirmados cuando se presentó, que en realidad correspondían a la semana epidemiológica 15.

Si se toman los 26 mil 519 estimados positivos, a la que se ha llamado “cifra negra”, y se dividen entre los casos confirmados durante la semana epidemiológica 13 y no la 15, es decir 848 casos, el resultado es de 31.27 personas estimadas contagiadas por cada paciente positivo registrado, no de 8.33. 

Si aplicamos la relación de 31.27 a los cinco mil 399 casos confirmados que se tienen al momento de escribir esta nota, da alrededor de 170 mil casos. 

Como se trata de una estimación, este número puede ser algo mayor o menor, pero de lo que no cabe duda es de que hay bastante más gente infectada con Covid-19 en México de la que se está percibiendo y, si no se refuerzan las medidas de confinamiento, la saturación de los sistemas de salud en diversos puntos de la República será inevitable. 

También es urgente, coinciden expertos, comenzar a hacer pruebas aleatorias que permitan tener una medida más útil y adecuada del comportamiento del Covid-19 en México. 

El número real

El número de 31.25 es acorde con lo que se ha observado en otras partes del mundo, donde la relación entre confirmados y estimados, según comentó el propio López-Gatell en entrevista al corresponsal de The Economist, Richard Ensor, que va de 10 hasta 40, número que depende tanto de la conducta de los pobladores de cada país como, y sobre todo, de los métodos de estimación, de la cantidad de pruebas que se hagan y del método de muestreo. 

Esta cifra, dado que se trata de una estimación y no de un conteo real, puede ser más grande o más pequeña. Sin embargo, no es posible conocer su rango de confiabilidad dado que en la conferencia las autoridades no dieron a conocer el método de estimación por el que se llegó a la cifra, misteriosamente precisa, de 26 mil 519.

Si un alumno mío me presentara una estimación con cinco cifras significativas lo reprobaría”, escribió el físico Luis Mochán del Instituto de Física de la UNAM con sede en Cuernavaca en su cuenta de Twitter. En entrevista comenta que después de ese comentario de inmediato recibió diversos ataques.

Luis Mochán es conocido en los medios, pues fue el primer científico que en la controvertida elección de 2006, entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, reveló que había inconsistencias en las tendencias del conteo de votos, las cuales parecían indicar un fraude cibernético. 

Mochán también fue una voz autorizada y relevante en 2013, tras el juicio que se llevó a cabo por el fraude de la llamada “ouija del diablo”, el GT200, un supuesto detector de drogas que no detectaba absolutamente nada y que no servía para ninguna otra cosa. El juicio se llevó a cabo porque la Secretaría de la Defensa Nacional gastó 15 millones de dólares en comprar un lote. 

Mochan no es el único científico que duda de la cifra negra del gobierno federal, así como de la forma en la que fue obtenida, además de los datos en que está basada. 

No se trata de saber de epidemiología o no, sino de conocer una herramienta con la que todo científico natural está familiarizado, pues es la que le sirve para validar sus datos y comprobar o desechar sus hipótesis: la estadística, dice Rodrigo Salazar-Elena, profesor-investigador y coordinador del Laboratorio de Métodos de Flacso-México.

Todo investigador conoce las dificultades de hacer un muestreo. Se han hecho críticas muy severas, muy claras, muy precisas, en las que se demuestra que el modelo Centinela en estos momentos ya no es aplicable. Funcionó para la influenza de 2009 porque México era el epicentro, pero en la situación actual no funciona”, dice el también investigador Antonio Lazcano de la Facultad de Ciencias de la UNAM. 

Cómo opera el Centinela en México

La vigilancia centinela funciona con 376 unidades de salud monitoras de influenza (USMI) a lo largo de todo el país. Primero se contabilizan todos los pacientes que acuden a una de estas estaciones con una infección respiratoria aguda (IRA), neumonía o influenza, de ahí se hace una valoración médica y se separa a quienes tuvieron una infección respiratoria aguda grave (IRAG) o enfermedad tipo influenza (ETI), a estos pacientes se les aplica primero la prueba de laboratorio para detectar influenza, si es negativa, entonces se hacen más estudios con una panel viral ampliado a 13 distintos virus.

›El SARS-CoV-2 ya es uno en la lista de esos virus, de hecho, ante la situación de pandemia actual si el resultado por influenza es negativo, la segunda prueba de laboratorio que se hace es para detectar al nuevo coronavirus. La relación entre el primer grupo de pacientes y aquellos que tuvieron una enfermedad más severa permite saber qué porcentaje aproximado de la población con infecciones respiratorias serán graves, y de éstas cuántas serán causadas por influenza o por otro virus.

La pandemia ya hizo que se cambiara el nombre de las USMI a unidades de salud monitoras de enfermedades respiratorias (USMER). No es sólo una cuestión de nombres, es la aplicación de una forma operacional para buscar activamente casos del nuevo coronavirus.

Para que este sistema funcione es necesario que todas las unidades monitoras funcionen siempre y en los mejores estándares, cosa que no sucede en México, porque como han denunciado Lazcano y otros especialistas, el recorte presupuestal y de personal a inicios de esta administración tuvieron especial impacto tanto en el Instituto Nacional de Epidemiología, como en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorios (INER).

8.33 por ciento es el estimado de personas infectadas por cada caso confirmado, de acuerdo con la Secretaría de Salud federal.

Aunque el modelo es robusto para enfermedades conocidas, en el caso de enfermedades nuevas la Organización Panamericana de Salud (PAHO por sus siglas en inglés) lo recomienda como un sistema complementario que ayude a la vigilancia nacional intensificada, especialmente porque la circulación de un patógeno nuevo es un evento inusitado del cual no se conoce nada y puede variar mucho entre zonas o poblaciones distintas.

El sistema Centinela sólo toma en cuenta a quienes acudieron a consulta, lo que deja fuera a los asintomáticos, y al no tomar pruebas de manera aleatoria no permite obtener las muestras representativas.

Es por eso que las estimaciones de casos positivos no pueden hacerse únicamente con datos del Modelo Centinela, y deben incorporarse otras mediciones más generales y amplias. 

Para el caso de la cifra negra dada a conocer el 9 de abril pasado, estos datos extras se han obtenido de 29 mil centros de salud, clínicas y hospitales de todo el territorio, pero además se han calculado los casos nacionales con ayuda de la base poblacional y las notificaciones estatales de infecciones respiratorias agudas graves (IRAG) durante el año.

Así, la estimación de la cifra negra, los 26 mil 519, sin ser muy precisa, tampoco es un mal indicador. Sin embargo, para estar seguros haría falta una estrategia totalmente distinta. 

¿Cuánta gente se enferma? No lo vamos a saber hasta que no hayamos medido los anticuerpos anti SARS-CoV-2 en muestras grandes de población. En realidad no sabemos qué proporción de la gente se está infectando”, sostiene el investigador en inmunología Rafael Bojalil del Instituto Nacional de Cardiología. 

Transparencia, por el bien de todos

Teniendo en cuenta que la estimación de casos positivos es un elemento clave para la toma de decisiones en materia de salud pública, es urgente que los parámetros para hacer dicho cálculo sean no solo públicos, sino de fácil acceso. 

Si hubiera un documento técnico —como lo sugiere la OMS— que explique con claridad la metodología del cálculo, será posible que los expertos independientes pudieran replicar los resultados y extender la confianza sobre ellos.

44 por ciento de los mexicanos confía en el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, según la encuesta Enkoll.

Es posible que esto se consiga pronto, porque el pasado lunes 14 de abril la Dirección General de Epidemiología abrió la base de datos completa obtenida por el Centinela y los 29 mil centros de salud. Esto permitirá analizar puntos importantes como el comportamiento del Covid-19 en las distintas regiones del país, por edades, etnias, las comorbilidades preponderantes y muchas otras cosas que faciliten el seguimiento del virus a los expertos.

La liberación de esta información permitirá que el manejo de la epidemia, la imposición de medidas, el levantamiento de las mismas, no se den “por decreto presidencial o decisión del doctor López-Gatell”, dice Antonio Lazcano, sino que las medidas se adopten de acuerdo a los resultados que se tengan, porque al ser este país tan diverso se irá dando de acuerdo al comportamiento de la epidemia en cada región. 

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