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Juan Carlos Rodríguez

En sus reiteradas descalificaciones al liberalismo económico, a la acumulación de riqueza y al crecimiento económico como indicador de bienestar, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha desacreditado —voluntariamente o no— varias de las categorías creadas por Adam Smith (1723-1790), considerado por muchos el padre de la economía moderna.

Por ello resultó sorpresivo que, en el discurso con motivo de su Segundo Informe de Gobierno, el pasado 1 de septiembre, el mandatario haya invocado al economista y filósofo escocés, y hasta lo haya citado como uno de los pilares de la “economía moral” que pretende aplicar desde que llegó a la Presidencia.

Recuerdo lo que sostenía Adam Smith, que bien podría constituir uno de los fundamentos de la economía moral que estamos aplicando”, dijo. Y lo citó: “Por más egoísta que quiera suponerse al hombre, evidentemente hay algunos elementos en su naturaleza que lo hacen interesarse en la suerte de los otros, de tal modo que la felicidad de éstos le es necesaria, aunque de ello nada obtenga, a no ser el placer —agregaría, el inmenso placer— de presenciarla”.

La alegría ajena es nuestra propia dicha, sintetizó López Obrador, quien recurrió no al célebre texto de La riqueza de las naciones, publicado por Smith en 1776 y que inaugura el estudio de la economía política, sino un tratado escrito 17 años antes, “La teoría de los sentimiento morales”, que explora las conductas humanas.

Aunque no es un autor al que López Obrador recurra con frecuencia, llama la atención que la Teoría de los sentimientos morales hable de corrupción y de la empatía hacia los pobres, dos de los principales componentes en el discurso del mandatario.

Esta disposición a admirar y casi idolatrar a los ricos y poderosos, y a despreciar o como mínimo ignorar a las personas pobres y de modesta condición (…) es al mismo tiempo la mayor y más extendida causa de corrupción de nuestros sentimientos morales”, dice Smith, en una postura que, dicha con otras palabras, también ha sustentado López Obrador.

La moral

En su discurso del 1 de septiembre, el presidente pronunció cuatro veces la palabra moral, y en dos de ellas, la planteó como misión de su gobierno. “Ya está en marcha la nueva política económica sustentada en la moralidad, la austeridad y el desarrollo con justicia”, dijo. Y en otro momento subrayó: “La peste de la corrupción originó la crisis de México. Por eso, me he propuesto erradicarla por completo y estoy convencido de que, en estos tiempos, más que en otros, transformar es moralizar”.

El término moral también es recurrente en el texto de Smith, y también lo vincula con los estratos sociales. “Que la riqueza y la grandeza suelen ser contempladas con el respeto y la admiración que sólo se deben a la sabiduría y la virtud; y que el menosprecio, que con propiedad debe dirigirse al vicio y la estupidez, es a menudo muy injustamente vertido sobre la pobreza y la flaqueza, ha sido la queja de los moralistas de todos los tiempos”, apunta el autor escocés.

Pero así como el texto de Smith aporta algunas claves para comprender la relación que López Obrador encuentra entre economía y moral, también aporta algunas referencias sobre los riesgos que hay en la personalidad del mandatario, como puede ser la escasez de autocrítica o la resistencia a corregir malas decisiones.

Es tan desagradable pensar mal de nosotros mismos que solemos apartar los ojos de aquellas particularidades que podrían torcer ese juicio hacia lo desfavorable”, dice Smith en su Teoría de los sentimientos morales. Y añade: “Se dice que el cirujano más audaz es aquel al que no le tiembla la mano cuando practica una operación sobre su propia persona; a menudo resulta igualmente audaz el que no titubea en correr el velo misterioso de la autoilusión que le impide ver las deformidades de su propia conducta”.

El tratado de Smith citado por López Obrador el pasado 1 de septiembre también ofrece algunas pistas para entender la disyuntiva que el Presidente planteó el pasado 6 de junio, durante una gira por Minatitlán, Veracruz, cuando dijo: “No es tiempo de simulaciones: o somos conservadores o somos liberales. No hay medias tintas: o se está por la transformación o se está en contra de la transformación del país, se está por la honestidad y por limpiar a México de corrupción o se apuesta a que se mantengan los privilegios de unos cuantos a costa del sometimiento y del empobrecimiento de la mayoría de los mexicanos”.

Seg Smith, estas actitudes obedecen a que cuando las “pasiones” de una persona están en perfecta consonancia con las emociones del espectador, necesariamente le parecen justas y apropiadas; en cambio, cuando comprueba que no coinciden con lo que siente, entonces necesariamente le parecerán injustas e inapropiadas. 

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