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David Colmenares

Hablando del crecimiento, especialmente de la recaudación, viene al presente la experiencia de 1990 cuando se cambian las fórmulas de distribución de participaciones, buscando una menor diferencia por habitante en su distribución. Se trato del más importante cambio desde la creación del actual Sistema de Coordinación Fiscal de 1980. En la historia de la coordinación ambos fueron hitos, el de los años ochenta, porque se transformó un sistema participable impuesto por impuesto y porque se creo el impuesto al valor agregado, en sustitución de más de 500 impuestos estatales y más de 30 federales, que formaban parte de la maleza de la jungla fiscal, que caracterizaba nuestro sistema a nivel nacional. Se sustituyó el ISIM que era un impuesto en cascada, cuya tasa neta era superior a la del 10 por ciento con que se inicia el IVA en 1980, cuyo nacimiento costo esfuerzo, dado que ciertos grupos de presión, en ese entonces el empresarial lo objetaban por su fuerte impacto inflacionario, así como el principal asesor económico del entonces Presidente López Portillo. Un año se mantuvo en suspenso la instrumentación del IVA, año de la lenta agonía del ISIM, en que se negoció, según crónicas de esos tiempos, con las entidades federativas preocupadas por la mecánica de reparto, pero que al final hicieron causa común con la Secretaría de Hacienda.

En 1990 se cambian las fórmulas, a iniciativa de las entidades federativas, a partir de una propuesta de Oaxaca apoyada por otras 26 entidades, que buscaba dos objetivos: el primero reducir los diferenciales per cápita en el reparto de las participaciones, que aunque lo he mencionado muchas veces, son recursos propios de las mismas. Tabasco, así como el DF y Campeche recibían casi nueve veces lo que otras como Oaxaca. Yo era el Coordinador de la Comisión Permanente de Funcionarios Fiscales y Coordinador del Grupo Técnico de la Fórmula de Distribución de Participaciones, y después de un año de búsqueda de consenso, el mismo se logró, contando con el apoyo de la Secretaria de Hacienda, quien perfeccionó la Propuesta, incluyendo por ejemplo “recursos frescos” para complementar la creación de dos reservas de compensación y contingencia para las entidades perdedoras con el cambio de fórmulas. El frente de avanzada de las entidades ganadoras encabezadas por Oaxaca, también tuvo a Zacatecas y Michoacán, así como la Zona Fiscal Siete, esto es Chiapas, Veracruz y Puebla y otras como Hidalgo e incluso Jalisco.  En el Congreso pasó sin problemas y esa fórmula estuvo vigente hasta diciembre de 2007,  de hecho hoy gracias a la gradualidad de la aprobada en 2008, que ha sido una regresión centralista e inequitativa, dos terceras partes de las participaciones se siguen repartiendo con los coeficientes de las fórmulas aprobadas por consenso de las entidades federativas en  1990, esto es hace 25 años.
El segundo objetivo de 1990 era introducir incentivos al esfuerzo recaudatorio local, lo que se hizo con la fórmula de reparto del Fondo de Fomento Municipal, en base al incremento recaudatorio de predial y agua, con lo que se tuvieron avances importantes, en unas entidades más que en otras. Sin embargo con las fórmulas de 2008 se eliminó todo incentivo a la recaudación local.
En los noventa el resultado inmediato fue efectivo y hubo entidades como Oaxaca que incrementaron en 1991, un mil por ciento la recaudación del predial, la cual se multiplicó por tres, con lo que recibió el estado por el Fondo de Fomento Municipal, Tabasco 400 por ciento y así por el estilo.
De ahí lo relativo de los incrementos:  el mil por ciento de Oaxaca eran 10 mil millones de pesos, pero el 40 por ciento del DF, fueron más de cien mil millones. Por ello cuando comparamos tasas de crecimiento, primero hay que verlo en perspectivo histórica, en 2010 crecimos 4.1 por ciento, pero en 2009 caímos más del seis por ciento…

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