Gabriela Sotomayor

México está anestesiado, dormido, es tal el dolor y la muerte que se ha vivido en los últimos años que quizá es mejor inyectarse una dosis de indiferencia porque presenciar un funeral para 50 mil muertos no es soportable.

Todos los días la Secretaría de Salud ofrece el conteo de muertos, los medios reportan, la gente comenta, pero por desgracia cuando el país está a punto de llegar a 50 mil decesos por Covid-19, parece que son pocos.

Desde el sexenio de Felipe Calderón es costumbre que el número de fallecidos en el país aumente de manera exponencial. Las cruces del panteón se acumulan y ya no causa tanto estupor, ni indignación.

En los seis años de la guerra contra el narco de Calderón hubo 121 mil 35 muertes violentas y con Enrique Peña Nieto 150 mil 992 homicidios dolosos.

Durante los primeros 18 meses del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador fueron asesinadas 53 mil 628 personas, entre ellas más de cinco mil 800 mujeres y mil 800 niños y adolescentes. 

En las próximas 24 horas serán asesinadas 98 personas, incluyendo 11 mujeres y tres niños. Qué fuerte.

En México no se hace justicia por estos asesinatos ni por los feminicidios, pues hay casi 99% de impunidad. Hemos visto correr ríos de sangre día tras día, mes tras mes, año tras año y la piel se va curtiendo ante esta desgracia.

No se pueden comparar las muertes violentas con las muertes por Covid, pero las cifras sí deberían causar enojo y exigir un cambio radical de estrategia. ¿Quién va a reclamar por esas vidas interrumpidas? Es necesario investigar qué pasó y si se hizo todo lo humanamente posible para evitarlo.

En Francia, por ejemplo, por 30 mil decesos el presidente Emmanuel Macron convocó a una Comisión de Investigación independiente para evaluar la respuesta a la pandemia.

El presidente Jair Bolsonaro, fue denunciado ante la Corte Penal Internacional (CPI) en La Haya por crímenes contra la humanidad y actos que conducen al genocidio de comunidades indígenas, debido a su gestión de la emergencia por el virus. La denuncia fue presentada por una coalición de un millón de profesionales de salud cuando el número de muertes llega 100 mil en Brasil.

No se puede culpar a la 4T de todas las defunciones por Covid. Eso es claro.

Sin embargo, en este universo de víctimas hay un grupo de población que merece justicia, reparación y rendición de cuentas: el personal de salud.

La cifra exacta aún se desconoce, según Salud (1 julio) habían muerto 683 trabajadores de salud y al menos 46 mil se habían contagiado con el virus. 

Amnistía Internacional sostiene que “los gobiernos deben rendir cuentas por las muertes del personal sanitario a los que no protegieron del Covid-19” y reclama que “es injusto que un médico pague en México hasta 12% de su salario mensual para comprar equipo de protección”.

“La pandemia se acelera en el mundo e instamos a los gobiernos a tomarse en serio las vidas del personal de salud”, urgió AI.

Cuando los hospitales siguen a tope, la música llega a los restaurantes, la gente sale de compras y se vuelve a una enrarecida normalidad, los médicos se hunden cada vez más en el cansancio y en la enfermedad. Por eso es urgente salir de esta especie de ceguera y que cuenten con el apoyo del Estado.

No basta un minuto de silencio. Las víctimas de Covid merecen mucho más que la imagen desangelada con la que AMLO expresó su “pésame solidario” frente a unas gladiolas raquíticas que ni siquiera estaban en flor, parecía el vivo retrato del sistema de Salud.

Es necesario que 50 mil sea un número rojo, un parteaguas, una coyuntura. Es momento de salir de la anestesia aunque cause mareo. Los muertos por la pandemia están sonando las alarmas. Urge despertar. 

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