Gabriela Sotomayor

A raíz de la detención del exsecretario de defensa, Salvador Cienfuegos, y del exsecretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, se hace preciso que el presidente Andrés Manuel López Obrador haga una revisión profunda de la situación ya que la única manera viable de cortar por lo sano con la corrupción que genera el narcotráfico es la despenalización de todas las drogas.

 Es muy probable que tanto miembros del Ejército, de la Marina y miembros del gobierno, los que AMLO llama “delincuentes de cuello blanco’’, están metidos hasta las cachas en el negocio de las drogas por lo que regular su producción, distribución y venta además de traerle ganancias millonarias al Estado sería la manera más eficaz de enfrentar el problema y, sobre todo, de evitar tentaciones.

 Además del uso del cannabis, sería pertinente legalizar el uso personal de cocaína, heroína, metanfetaminas y demás psicotrópicos, lo que sería un tremendo golpe al narco, una verdadera guerra sin cuartel.

 En México es urgente un cambio radical con respecto a la política de drogas, me dijo Michel Kazatchkine director ejecutivo del Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA y representante de la Comisión Global para Política de Drogas. 

“Es tiempo de cambiar radicalmente la política de drogas en México, pero en lo que va de esta administración no hemos visto una fuerte determinación para cambiar”, lanzó Kazatchkine en un congreso sobre reducción de daños celebrado en Oporto, Portugal en tiempos pre-pandémicos que parecen lejanos (2019).  

Afirmó que la demanda de drogas seguirá existiendo y si no se encuentra de forma legal, seguirá operando en el mercado ilegal, con todas sus malas consecuencias e insistió en la necesidad de legalizar todos los estupefacientes: “Los gobiernos deberían apostar por un uso seguro de estas sustancias. Hay que enfrentarse al mundo tal como es, y uno libre de drogas no existe”.

 Confía en que legalizar el cannabis “será un primer paso fundamental, pero es imperativo acabar con la prohibición de todas las drogas para que el Estado esté en control y  la gente sepa qué es lo que está comprando y consumiendo”. 

“Esto va a requerir de cambios mayores, requerirá también que el gobierno sea muy muy valiente , debido a las fuerzas internas que se mueven en México y para ser honestos, no nos sentimos muy animados de que las cosas vayan a cambiar”, admitió.

 “López Obrador tiene una gran oportunidad de cambiar las cosas, gracias al apoyo que tiene de la gente y, sobre todo, habló mucho sobre este tema durante su campaña”, opinó Kazatchkine.

Además, según la Comisión Global para Política de Drogas la corrupción de los actores estatales, y la infiltración y el debilitamiento de las instituciones y los procesos democráticos son fundamentales para facilitar los flujos de drogas.

 “Los niveles inauditos de violencia que se observaron en las elecciones de 2018 en México pusieron de manifiesto este hecho: 57 mil 133 personas que se presentaban a un cargo público fueron asesinadas durante el período previo a las elecciones, lo cual dio lugar a que otros candidatos, al sentirse intimidados, abandonaran la campaña, y varios asesinatos selectivos de periodistas trataron de limitar la libertad de prensa”, remarca.

 No parece que AMLO tenga idea de lo que quiere hacer en política de drogas. La solución no está en militarizar el país y trasladar a las fuerzas armadas las tareas de seguridad pública. Tampoco la solución está en hablarle bonito a los delincuentes ni gritarle a la DEA.

 El país se hunde en la guerra contra las drogas, corren ríos de sangre por el dominio de territorios, aumentan asesinatos, ejecuciones, secuestros, violencia armada, trata, desapariciones, torturas, corrupción hasta el más alto nivel, mientras los narcos tienen secuestrado al país y se pasean en sus camionetas “machuchonas” sin que nadie los toque. Es hora de que a los narcos les toque ya la de perder.

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