Gabriela Sotomayor

Michelle Bachelet, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, pasó esta semana en China y se espera su regreso a Ginebra el sábado 28 de mayo. Los términos de su visita no han sido del todo transparentes y de acuerdo con activistas de derechos humanos en este viaje se juega su credibilidad.

El estilo de Bachelet para lidiar con las peores violaciones de derechos humanos en el mundo ha sido cuestionado por varias organizaciones de derechos humanos, especialmente por la forma “suave” en que ha manejado las cosas con Pekín.

Bachelet, expresidenta de Chile, contrasta con sus predecesores que trabajaron en derechos humanos y justicia internacional como Louise Arbour, quien fue fiscal jefe en el Tribunal Penal Internacional para la exYugoslavia y en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR). Navi Pillay fue jueza y presidenta del TPIR. Zeid Ra’ad al-Hussein fue muy activo en la Corte Penal Internacional en La Haya y no tenía trabas para cuestionar al poder. Michelle Bachelet es política, no tiene estas credenciales y su modo de operar es distinto.

Para empezar, Bachelet se negó a publicar un informe de la ONU sobre serias violaciones cometidas en Xinjiang en los llamados “campos de reeducación” de la minoría uigur, un informe que ha estado listo desde 2021, pero que se resistió a publicar, quizá porque negociaba las condiciones de su viaje y para que el gobierno chino no impidiera su visita.

Por cuestiones muy convenientes por el brote del Covid, Bachelet no pudo ir a Pekín, así que sostuvo una plática por Zoom con Xi Jinping, que consideró “muy valiosa”. En esta ocasión la pandemia jugó en favor del líder chino manteniendo a la distancia a Bachelet.

A pesar de que anunció su visita a la Región Autónoma Uigur de Xinjiang, y que Bachelet ha pedido acceso sin restricciones, no se sabe con qué libertad de movimiento contó y conociendo el aparato represor de los chinos es difícil que haya podido encontrarse con las víctimas en privado.

Según Human Rights Watch (HRW) los chinos han dicho que permitirán que el viaje de Bachelet sea únicamente “una visita amistosa”, pues no estarán dispuestos a otra cosa que no sea el diálogo.

HRW acusa también que a partir de 2014 se están cometiendo crímenes de lesa humanidad contra uigures y otros musulmanes en la región de Xinjiang. 

Denuncia que las autoridades chinas son responsables de políticas generalizadas y sistemáticas de detención masiva, tortura y persecución cultural, entre otros delitos, y urgen a llevar a cabo acciones coordinadas en el plano internacional para sancionar a los responsables, promover la rendición de cuentas y exigir que el gobierno chino revierta el curso.

“El gobierno chino está cometiendo violaciones de derechos humanos en un alcance y una escala inimaginables desde la última vez que un alto comisionado visitó el país en 2005, en parte porque no hay temor a la rendición de cuentas”, dijo Sophie Richardson, directora para China de HRW.

Para colmo, en esta semana varios medios, entre ellos El País y la BBC publicaron un extraordinario trabajo de investigación periodística llamado “Los archivos policiales de Xinjiang” que ofrece una nueva prueba de la magnitud de la persecución de la minoría uigur a través de fotografías del interior de “centros de reeducación”, fichas policiales y discursos de altos cargos del régimen comunista.

Con el trabajo liderado por el alemán Adrian Zenz se da rostro por primera vez a las víctimas. El reportaje permite identificar a miles de reclusos, entre ellos a menores de edad entre las rejas, muestra el maltrato, tortura e incluso los discursos de los dirigentes chinos con las ordenes de “tirar a matar” si alguien trata de escapar.

Por otra parte, la Fundación de las Víctimas del Comunismo sostiene que el confinamiento de uigures es el “mayor internamiento de una minoría étnica religiosa desde el Holocausto”. Al menos un millón de ciudadanos, la mayoría uigures, han sido encerrados en esos campos, según estiman expertos de la ONU.

A este panorama se enfrenta Bachelet durante su visita a China, quien será llamada por el juicio de la historia. Cuando la minoría musulmana se hunde en la más absoluta desolación en los campos de concentración de Xinjiang, está por verse si Bachelet ostentará la altura de su cargo o se rinde ante el gigante chino. Pronto sabremos de qué madera está hecha la Alta Comisionada. 

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