Gabriela Sotomayor

El subsecretario de Salud Hugo López- Gatell anunció la creación de una comisión para identificar “la mortalidad no observable’’ y surge la pregunta sobre quién se dedicará a estudiar la mortalidad no observada de esas personas que nadie cuenta como Covid-19 y que nunca ocuparon una cama, ni un ventilador.

Un reportaje publicado en El País revela que en México “casi ocho de cada diez pacientes, el 76% derrotados por la enfermedad, no ingresaron a terapias intensivas ni fueron entubados’’.

“Llevamos a mi papá al hospital, tenía mucha fiebre, no le quisieron hacer la prueba porque ‘no estaba tan mal’. Nos dijeron que regresemos a la casa, que le diéramos muchos líquidos, unas medicinas, que si veíamos que se ponía peor lo llevemos de vuelta’’, me dijo entre lágrimas una joven.

No hace falta describir cómo fue su muerte por asfixia. Ella sigue: “Y cuando nos entregaron el acta de defunción no lo contaron como Covid’’. Muchas personas han muerto por Covid-19 en sus hogares o en el traslado. Los fallecidos que escapan a las estadísticas pudieran ser la razón que podría explicar por qué no ha habido saturación en los hospitales.

Además, en México la confusión con respecto a las muertes ha sido la norma durante la pandemia, los muertos no son los de ayer, son los de hace meses, otros esperan el dictamen de sus pruebas después de fallecidos, serán los números de mañana.

Y los casos confirmados no son todos porque puede haber más, “muchos más’’ en tanto que los sospechosos quedan flotando en ese limbo de la sospecha, sin pruebas, claro.

Según López-Gatell las muertes se catalogan en dos momentos “cuando ocurren y cuando son registradas’’ y reconoce que el retraso en obtener los resultados de las pruebas ha dejado ocultas a miles de víctimas, es decir, la “mortalidad no observable’’.

¿Y no valdría la pena voltear a ver a los fallecidos que no se les aplicó la prueba y que no llegaron al hospital ?

No se entiende por qué regresan a su casa a pacientes que luego empeoran y que llegan tarde al hospital o nunca llegan, si hay suficientes camas y no están saturados ni los hospitales, ni los ventiladores. “Una inmensa mayoría de las muertes por Covid-19 en México se produjo sin atención de cuidados intensivos (…) Los datos muestran que sólo el 24% de los pacientes llega a estas salas. Más de ocho mil personas han muerto sin acceso a un respirador o sin ser intubados’’, remarca el reportaje.

Además, no se trata de conectar a las personas a una máquina y ya, se requiere de especialistas en medicina crítica para hacerlo y ahí parece estar otro de los problemas en los hospitales Covid: la falta de personal. Si es por falta de recursos económicos o por necedad, la Secretaría de Salud no aplica la cantidad de pruebas que debería. Aseguran que se les aplican al “100%’’de los enfermos que ingresan, cosa que está por verse, pero además se quedan cortos con los pacientes ambulatorios, sólo le hacen pruebas al 10% ¿Qué raro no?

En Chile, por ejemplo, con al menos 142 mil 759 casos confirmados y dos mil 283 muertes (Universidad John Hopkins, 10 junio) viven una situación dramática a pesar de tener un sistema de salud robusto, pues la saturación de hospitales llega a un 86% a nivel nacional y 93% en la región metropolitana.  

Y en México, en la misma fecha se cuentan 124 mil 301casos con 14 mil 649 muertes, pero afortunadamente hasta el domingo, el país contaba con un 54% de disponibilidad para las camas de hospitalización general y un 62% para las camas con ventilador. Llama la atención. 

El país se crispa entre semáforos rojos sin llegar todavía al pico de la pandemia mientras miles se hunden en la enfermedad sin entrar al hospital, sin ser atendidos ni observados por una Secretaría de Salud que insiste en taparnos los ojos.

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