Gabriela Sotomayor

El presidente Andrés Manuel López Obrador una vez más niega lo que no le conviene y considera que los datos contundentes publicados incluso por la misma Secretaría de Salud sobre la alta tasa de letalidad que hay en México por Covid-19, tienen un trasfondo ideológico y no son reales.

“Decir que (México) es primer lugar de letalidad en América Latina es una falsedad’’, lanzó AMLO en su mañanera, añadiendo que habría que basarse en las cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Bueno, pues hay malas noticias, según el último informe de la OMS, México, con un 10.77%, es el país con la tasa de letalidad más alta en todo el continente americano, incluyendo Estados Unidos y Canadá.

Quizá el problema de fondo aquí es que el Presidente confunde el número de muertes con la tasa de letalidad, sería pertinente que alguien le explique.

Además, es muy peligroso lo que está haciendo el Subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, porque no solamente hay una tasa de letalidad confirmada que es altísima, también se pretende abrir hacia una “nueva normalidad’’, sin un número sostenido de descenso en los casos, en las muertes, sin pruebas, sin saber en dónde están los portadores del virus y mucho menos sus contactos.

El panorama es desolador porque se habrá de observar un aumento escandaloso en las muertes, muchas de ellas sin saber a causa de qué, se tendrá la sospecha de Covid, unas serán ignoradas, mientras un equipo dictamina si los fallecidos en el hospital son por el virus.

Se orilla al país a vivir una nueva mortalidad y no será porque los conservadores detesten a la 4T, será por desdén del Presidente.

Y “si es de sabios cambiar de opinión y rectificar’’, como dijo AMLO, pues que rectifique, acepte las cosas como son e invierta en pruebas de laboratorio masivas a la población porque mientras tanto los muertos se acumulan.

Ya lo advierten en un espléndido ensayo Laurianne Despeghel y Mario Romero Zavala publicado en Nexos.

Basados en datos del Registro Civil de la Ciudad de México, concluyen que en este momento ya hay poco más de nueve mil 800 fallecidos por arriba de los promedios del periodo de 2016-2018. El factor principal del aumento es la Covid-19 y el número es escalofriante si se extrapola a todo el país con unas 60 mil defunciones.

Independientemente de si todas las muertes son por Covid-19 o no, el impacto de la pandemia ya es demoledor.

 En nombre del derecho a la información del que hizo mención AMLO (el 26 mayo pasado), los mexicanos merecen la verdad, porque es la verdad la que genera la confianza en un gobierno.

Tratan de modificar los hechos, por ejemplo, el nombramiento de López-Gatell para la lista de expertos de la OMS que por cierto cuenta con 400 nombres de todo el mundo. La OPS lo propuso por su experiencia en enfermedades infecciosas, pero no como “un reconocimiento’’ a su manejo de la pandemia como quisieron manejarlo. Eso es falso.

Y en la carta que presume la cancillería por sus felicitaciones de la OMS en respuesta a una consulta del gobierno, reconoce lo que se ha hecho bien, como suele hacerse en el mundo diplomático, pero también le hace una atenta invitación para aumentar el número de pruebas y le ofrece su asesoría.

La 4T manipula las comunicaciones de la OMS en su beneficio, las saca de contexto, las utiliza a su favor.

Es cierto que las comparaciones “son odiosas’’, pero hay países que se prepararon mejor para recibir el trancazo de la pandemia. México no es uno de ellos y la OMS, la gente, el mundo entero, lo sabe.

Una vez más AMLO hunde al país en la confusión, en las contradicciones, la opacidad, sin embargo, las muertes no se pueden ocultar. Se puede modificar un índice, un porcentaje, alterar las cifras, pero lo que es imposible de cambiar es la realidad. Eso no. 

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