Gabriela Sotomayor

Todo iba lento, como de costumbre, pausado, llama la atención por qué AMLO habla tan despacio en las mañanas y en sus mítines habla de corrido, casi sin respirar, hasta grita.

Se escuchaba su mensaje a la nación sobre el plan que el gobierno tiene preparado para la anunciada emergencia por Covid-19 y de repente dice “las hijas”. ¿Las hijas? Se sintió que retembló en sus centros la tierra.

«Hago un llamado para que cuidemos en nuestras familias a los adultos mayores ya lo hacemos, pero ahora debemos aplicarnos más, es un hecho, es conocido que sobre todo las hijas cuidan a los padres”, lanzó AMLO  quien ya empieza a dividir cuando el coronavirus todavía no causa estragos.

“Los hombres podemos ser más desprendidos”, dijo.

Golpe avisa.

Como se sabe en México las mujeres llevan la carga principal en el núcleo familiar, en un escenario ideal en el que no hay violencia familiar, la mujer se hace cargo de los hijos, de la casa, de la compra, de la limpieza, de cuidar a los abuelos, a los suegros y además todo de buenas, sin quejarse.

Pero ahora con el distanciamiento físico, las cosas empeoran porque las mujeres que tienen que ir a su empleo y no pueden tele-trabajar no tendrán a dónde llevar a sus hijos porque el gobierno cerró estancias infantiles y además los niños no podrán quedarse con los abuelos porque los pueden contagiar.

Ni AMLO ni nadie le tiene que decir a las mujeres cómo organizarse. El mensaje que da el presidente es machista, divisor y por demás inútil.

Seguramente las mujeres se darán la mano, la dueña de un negocio hará  lo que  pueda para tratar de compensar a sus empleadas, las amas de casa ayudarán a la persona que les ayuda para que ellas a su vez puedan cuidarse y así la cadena. 

 Ellas ya se escucharon unas a las otras, oyeron sus gritos, sus quejas, saben qué hacer, cómo ayudarse entre madres, abuelas e hijas porque muchas están solas.

Se esperaba un jefe de estado que pidiera a las familias apoyarse mutuamente en las labores de la casa, en el cuidado de los niños, ayudar en las tareas de limpieza, cooperar, es un buen momento para que las familias se re-eduquen, no para este tipo de mensaje retrógrado.

Se esperaba un líder de estado que además de hablarles bonito garantice a miles de doctoras, doctores, especialistas, enfermeras, enfermeros y a todo el personal de salud  condiciones justas de trabajo, reconocimiento de horas extras, equipo de protección para evitar contagios, más prestaciones. 

Y a las trabajadoras del hogar ni las mencionó, siguen invisibles a pesar de que será uno de los sectores más afectados.

Hubiera sido mejor y deseable pedir a todas y todos jalar parejo, no dejar a nadie atrás.

Qué tal un llamado a todos los que tengan conocidos que estén en los hospitales dando la batalla en la línea de fuego, sean hombres o mujeres, para ayudarlos con sus hijos, para llevarles un plato de comida, en hacer la compra, un mensaje menos trillado y más alentador porque son los que estarán horas interminables salvando vidas .

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), anteriores a la pandemia, el mundo necesita 9 millones más de personal de enfermería. En México en 2018 se requerían 255 mil 928 enfermeras y enfermeros más en el sector público y privado para atención primaria.

La OMS estimaba en aquél mundo pre-pandémico que en México 3.9 enfermeras estaban a cargo de mil habitantes en promedio, cuando lo ideal es que sean seis por cada mil habitantes en situación normal.

Así que no. Que AMLO no les diga a las mujeres  lo que tienen qué hacer en un país hundido en el machismo.

Mejor que las apoye.

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