Gabriela Sotomayor

El presidente Andrés Manuel López Obrador está adormilado frente al crimen organizado. Dice que «no vamos a declararle la guerra a nadie» pero parece que se le adelantaron y ya se la declararon. 

La narcolepsia es un trastorno crónico del sueño que se caracteriza por una somnolencia extrema y ataques repentinos de sueño. Parece que algo así padece AMLO frente al narco.

El 14 de octubre de 2019, en Aguililla Michoacán, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) sonó el campanazo y se atribuyó una masacre en la que perdieron la vida 13 policías. A los pocos días, el 17 de octubre, el hijo del Chapo fue capturado y liberado por órdenes de AMLO.  

En mayo de ese año un convoy con sicarios del CJNG recorrió las principales avenidas de Zamora, Michoacán. Después dieron madruguete en el cuartel de la policía militar, tres oficiales fueron asesinados y ocho más resultaron heridos.

AMLO, después del ataque llamó a los delincuentes “a portarse bien”, igual que el sábado después del atentado contra Omar García Harfuch. 

Según revela el último informe de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC en inglés) publicado la semana pasada “hasta la fecha, no hay indicios de que las medidas para controlar la propagación de COVID-19 hayan tenido un impacto en la producción de opio en México”.

Subraya que debido a la pandemia los traficantes de heroína, cocaína y metanfetamina tienen rutas variadas y continúan desarrollando nuevos patrones comerciales. Es decir que ni el Covid los está parando.

“La fabricación de metanfetamina que se realizaba en laboratorios de pequeña escala en Estados Unidos parece ahora eclipsada por laboratorios de tamaño industrial en México”, remarca.

El crimen organizado aprovecha que en algunos países los gobiernos han tenido que desviar recursos que se usaban en operativos antinarcóticos para responder a la pandemia, lo que les ha ayudado a reforzar su presencia y aumentar su negocio.

Sostiene que la emergencia sanitaria ha provocado que el tráfico y producción de droga sea menos riesgoso para los grupos criminales “proporcionando un entorno propicio para actividades ilícitas”.

UNODC acusa que el narco aprovecha también la pandemia para mejorar su imagen ante la población distribuyendo despensas y ayuda básica.

Quedan pocas opciones en la mesa.

En México es urgente un cambio radical con respecto a la política de drogas, me dijo en entrevista Michel Kazatchkine director ejecutivo del Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA y representante de la Comisión Global para Política de Drogas. 

«Es tiempo de cambiar radicalmente la política de drogas en México, pero en lo que va de esta administración no hemos visto una fuerte determinación para cambiar «, lanzó Kazatchkine en el marco de un congreso sobre reducción de daños en Oporto, Portugal (2019).  

Afirmó que la demanda de drogas seguirá existiendo y si no se encuentra de forma legal, seguirá operando en el mercado ilegal, con todas sus malas consecuencias: adulteración, mafias, epidemias de VIH, hepatitis, corrupción, violencia e inseguridad. 

Insistió en la necesidad de legalizar todos los estupefacientes:  “Los gobiernos deberían apostar por un uso seguro de estas sustancias. Hay que enfrentarse al mundo tal como es, y uno libre de drogas no existe”.

 Confía en que si México legaliza el cannabis «será un primer paso fundamental, pero es imperativo acabar con la prohibición de todas las drogas para que el Estado esté en control y  la gente sepa qué es lo que está comprando y consumiendo». 

«Esto va a requerir de cambios mayores, requerirá también que el gobierno sea muy muy valiente , debido a las fuerzas internas que se mueven en México y para ser honestos, no nos sentimos muy animados de que las cosas vayan a cambiar», admitió.

 «López Obrador tiene una gran oportunidad de cambiar las cosas, gracias al apoyo que tiene de la gente y, sobre todo, habló mucho sobre el tema durante su campaña», opinó Kazatchkine.

Pero no parece que el Presidente tenga idea de lo que quiere hacer en política de drogas, es muy conservador en el tema y la solución al problema no es hablarle bonito a los delincuentes.

 La narcolepsia es un trastorno crónico que no tiene cura. El país se hunde en la violencia, y este mal tampoco parece tener cura, es más letal que cualquier pandemia. La campana del despertador sigue sonando y la sangre sigue corriendo. Ya es hora de que AMLO despierte.

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