Gabriela Sotomayor

AMLO leyó su mensaje en un escenario que pareció fabricado para emular aquél del Papa Francisco dando su bendición “Urbi et Orbi’’ por la pandemia. Esas fotografías que rodaron por el mundo entero en el que fue tan simbólico ver a un líder religioso al que le siguen las masas, millones de fieles y estaba ahí prácticamente solo.

Pero vámonos respetando, AMLO no tiene la estatura de un líder religioso de ese tamaño, aunque a veces lo pretende dando catecismo desde su púlpito todas las mañanas. No se entendió por qué se paró ahí en el patio central de Palacio Nacional con bombo y platillo, la banda y mucho ruido, pero pocas nueces.

Qué patético.

Más bien lo que se esperaba era un verdadero plan de contingencia para enfrentar la pandemia de coronavirus que ha devastado a las economías más importantes del planeta, las cuales han presentado sendos planes de apoyo para los más desvalidos y sendos millones de millones dólares, euros, libras, francos suizos y demás monedas para que empresas, pequeñas empresas, trabajadores, soporten el encierro sin morirse de hambre.

Tampoco hubo un Presidente empático con la justificada preocupación de millones por el rumbo que tomarán las cosas, no fue sincero, no le habló a los ojos a los mexicanos para decirles que no hay ni personal, ni equipo, ni camas, ni oxígeno, ni respiradores, ni recursos suficientes para enfrentar esta pandemia si llega a atacar al país como a China, Europa y Estados Unidos.

A menos de que tenga la vacuna bajo la manga o los medicamentos, con unas seis mil camas “con sus respiradores’’ es para dar pánico en una población de cerca de 120 millones de personas. El plan de contingencia lo dejó para otro día.

Y la idea de invitar a que se sumen los hospitales de Marina y del Ejército es todavía más aterradora porque entonces quién va a verificar ahí adentro el número de muertos, de pacientes entubados, de enfermos graves. Quizá también se han de haber puesto a temblar soldados y cadetes pensando a dónde irán a parar ellos o sus familias si se enferman con el Covid-19.

Llama la atención que en los países con regímenes totalitarios hay menor número de casos que en las democracias más sólidas, a excepción de países como Corea del Sur y Japón.

En comparación con lo que se ha visto en Italia, España, Reino Unido, Estados Unidos, los números no cuadran. Por ejemplo en China, epicentro del brote y en donde se piensa que fue mucho mayor el número de casos y muertes (3,338), ni en Rusia (43), Corea del Norte (cero casos, cero muertes), Cuba (6), Venezuela (3), Myanmar (1) Siria (2), según cifras del último informe de la OMS.

Y además le parece brillante decir que sus decisiones las basa en los científicos, porque no es todologo. Era lo que menos se esperaba.

Su “optimismo’’ más que animar es de preocupar.  

Si bien su discurso se suma a su eterna campaña electoral, según lo que nos dijo la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI) Kristalina Georgieva la pandemia del coronavirus ha creado una crisis financiera “como ninguna otra’’ y no fue tan precisa para decir que esto es “transitorio”.

Reveló que más de 90 países han recurrido al FMI para solicitar ayuda y confesó que lo que está presenciando es a su modo de ver “la hora más oscura que ha vivido la humanidad”.

Su magno plan de bajar los sueldos de “altos funcionarios” y eliminar aguinaldos que es realmente arbitrario, no quedó claro pues no ofreció números y a ojos de buen cubero parece un porcentaje mínimo de lo que realmente se necesita. Que den cuentas.

Lejos de despejar dudas, AMLO deja hundida en la incertidumbre a buena parte de la población que está encerrada y que fervientemente esperaba un rayo de luz ante la oscuridad que probablemente se avecina.

Qué desilusión.

Compartir