Gabriela Sotomayor

El presidente Andrés Manuel López Obrador y su rémora el subsecretario de Salud Hugo López- Gatell están caminando por una línea muy delgada al negar la vacuna al personal de salud del sector privado de manera planeada, dirigida e intencional. Es una clara violación a su derecho a la salud.

 Ellos también han trabajado día y noche a costa de su propia vida. Se han enfermado y han contagiado a sus familias. Rechazar su reclamo a las vacunas y darles largas, es grave y raya en lo criminal.

 A pesar de que muchos médicos trabajan tanto en el sector público y privado, AMLO los divide. Se trata de una cuestión muy delicada, está discriminando a un grupo determinado en total flagrancia, en contra de las recomendaciones específicas de la Organización Mundial de la Salud de la que México es miembro.

 Los discriminan tal como gobiernos anteriores lo hicieron con minorías y con los más pobres. Es encomiable que se de prioridad a los más vulnerables, pero la discriminación de un determinado grupo se llama discriminación. La palabra los abarca a todos. 

 “Que nos esperen hasta que les toque por edad, va poco a poco. Que quede claro para que no haya manipulación: se aplica de manera universal, no interesa que los médicos estén en hospitales privados, es para todos”, dijo AMLO.

 No obstante, María Van Kerkhove encargada de enfermedades infecciosas de la OMS me aclara: “Queremos enfatizar que nuestras recomendaciones son para que todos los trabajadores de salud reciban la vacuna, independientemente de dónde trabajan”.

 Por su parte, Bruce Aylward, asesor principal de la dirección de la OMS, remarcó “que se debe vacunar a todo el personal de salud que atiende pacientes Covid, sin importar su edad”, pero AMLO con desdén les pide que se esperen.

 El doctor Francisco Moreno, infectólogo, voz experta y referente durante la pandemia me dice: “Todo este tipo de cosas te hace sentir que hay un completo abandono por parte del gobierno’’.

  ¿Es discriminación o represalia? Me explica que son las dos cosas.

 “El problema es que abres la boca y vienen las represalias”, lanzó Moreno quien observa que los médicos privados han sido los más críticos de la 4T. Revela que ha sido objeto de presiones, pero me pide mantenerlas en el plano confidencial.

 Además de la conducta irracional de la 4T, lamenta que no hay “un pronunciamiento fuerte” de instituciones como el Hospital Ángeles, el ABC, el Español, entre otros, todo mundo cuida sus propios pequeños intereses “y es lo que hace que estemos en donde estamos”.

 “Hay una sociedad de la indiferencia, mientras no me pises, no voy a decir nada, y eso provoca que la gente se vaya quedando más sola”, dice Moreno esperando una condena más robusta de la sociedad mexicana al maltrato del que el personal médico es objeto. “La gente no debe quedarse callada”.

 Para Moreno también “hace falta un pronunciamiento de la OMS más fuerte, más enérgico. También de organismos internacionales, y no sólo por la falta de vacunas; somos el país con más trabajadores de la salud fallecidos”.

 Y advierte: “nos están dividiendo cada vez más, nos están separando”. Le comento que se les discrimina de manera intencional, que podrían poner una queja ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU, le parece buena idea, pero “me queda muy claro que no nos van a vacunar”.

 La mayoría de médicos particulares no son dueños de hospitales, ni tienen mansiones, ni cuentas en Suiza, trabajan de sol a sol dedicados a sus pacientes.

 Llama la atención que AMLO les prodigue tanto desprecio cuando él mismo se ha atendido con médicos privados. Se sabe que algunos profesionales del extranjero viajaron al país expresamente para tratarlo. Pero a los nacionales se les paga con mala moneda.

 Hasta el 13 de abril México recibió 16 millones 900 mil vacunas, se aplicaron 12.5 millones de inyecciones y han recibido dos dosis 756 mil trabajadores de salud de primera línea, fundamentalmente del sector público.

La 4T está sentada sobre 5 millones de vacunas, hay abasto, podría hacer el esfuerzo, no tienen pretexto. Pero se hunde en un mar de indiferencia y deja solos a su suerte a más de un millón de trabajadores de salud que dependen de la caridad del presidente. Es miserable. 

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