Gabriela Sotomayor

“Es una tragedia escuchar que en México los niños van a morir de manera innecesaria por cánceres que pueden ser tratables”, afirmó el director de emergencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Mike Ryan, cuando escuchó que en el país se mueren niños por falta de medicamentos.

Quizá si al hacer la pregunta le hubiera explicado a Ryan que es un problema que se gestó desde 2018 cuando el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador decidió recortar el presupuesto para el sector salud y que los padres de los niños han rogado, han marchado, han suplicado y no los escuchan, es muy probable que la OMS lo habría condenado en los términos más enérgicos.

Que un niño muera por una enfermedad es una tragedia, pero que un niño vea truncada su posibilidad de vivir porque el gobierno es incapaz de resolver el problema, raya en lo criminal, en lo incomprensible.

Según la Asociación Mexicana de Ayuda a Niños con Cáncer (AMANC) del 11 de diciembre de 2019 al 3 de septiembre de 2020, mil 608 niños han fallecido y tanto médicos como padres de los niños aseguran que es por la escasez de medicamentos.

No existe en el país un padrón de pacientes pediátricos oncológicos y no se sabe la cifra exacta de niños que han muerto por falta de tratamiento, pero desde diciembre de 2019 al 4 de septiembre de 2020 se detectaron cuatro mil 308 casos y 3 mil 231 tenían un diagnóstico en fase avanzada. 

En septiembre el director del IMSS Zoé Robledo prometió a los padres que se iba a elaborar el padrón y una plataforma en línea  “pública y transparente” para monitorear la distribución “oportuna” de los tratamientos.

En México cada cuatro horas muere un niño por cáncer y cada año se registran más de cinco mil casos nuevos, siendo la segunda causa de muerte infantil, según la Secretaría de Salud. ¿Cuáles serán las estadísticas para 2021?

Los más comunes son leucemias, linfomas y tumores del sistema nervioso central y las muertes son por la falta de diagnóstico oportuno, por lo que 65% de los casos se detecta en la etapa avanzada de la enfermedad. Es decir, cuando más se necesita el tratamiento.

Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos (cuando era creíble) de los dos mil 876 expedientes reportados de noviembre de 2019 a febrero de 2020, 552 eran por omisión en el suministro de medicamentos por parte de las autoridades. La mayoría de las quejas son del IMSS con 421 y el ISSSTE con 112. 

En agosto, la Agrupación Mexicana de Oncohematología Pediátrica interpuso un amparo por falta de tratamiento para 260 niños con cáncer en el hospital pediátrico de Tuxtla Gutiérrez.

Responsabilizó a las secretarías de Salud y de Hacienda y denunció la “intención perversa” de usar a los médicos como chivos expiatorios.

El 3 de septiembre, según manifestantes en el Hospital de la Raza, se cumplían 672 días de escasez y ausencia de medicamentos y tratamientos.

El 21 de septiembre los padres de Evan Omar Polina Aguilar, quien murió por falta de quimioterapias, presentaron una denuncia por homicidio ante la Fiscalía General de la República (FGR) en contra AMLO y de Zoé Robledo.

Y ahora con el extraño robo de unos 38 mil medicamentos los padres de los niños anunciaron que interpondrán otra denuncia penal en contra de AMLO, Robledo, Alcocer, y del titular del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), Juan Antonio Ferrer pues lo consideraron un montaje, “una mentira”.

AMLO dijo que el robo “es muy raro” y afirma que la escasez de estos fármacos “es mundial” ¿En serio? La OMS denunció disrupción en servicios oncológicos por el Covid-19, pero el problema de desabasto en México viene al menos desde el año pasado.

Falta voluntad política o faltan recursos, pero el Estado es responsable de garantizar el derecho a la vida. Miles de niños con cáncer podrían estar sentenciados a muerte mientras la 4T se hunde en la ineptitud, el ridículo y el desdoro. Serán llamados a rendir cuentas por su conducta criminal. 

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