Gabriela Sotomayor

Sin pena ni gloria pasará el discurso de AMLO ante el  G- 20, su debut en la arena multilateral, su primer encuentro cara a cara con los líderes mundiales, que por suerte fue virtual, ya se supo que Boris Johnson está contagiado con el rabioso virus.

Es razonable que López Obrador pida la ayuda de la ONU para gestionar y coordinar todo lo relacionado al equipo de protección para el personal de salud, pero la demanda llega tarde porque en el mercado global este material y sobre todo los respiradores mecánicos ya escasean.

Esta legítima solicitud la debió de hacer a la ONU por medio de su canciller, al que por cierto se ve desdibujado del mapa.

Debía solicitarse cuando el coronavirus comenzó a propagarse por el mundo y sobre todo cuando estalló en Europa y aumentó la demanda, pero en aquellas fechas su actitud hacia la pandemia era bastante relajada.

Y en cuanto a la coordinación de la vacuna, cuando llegue, y los medicamentos, eso ya lo está haciendo la Organización Mundial de la Salud (OMS)  ¿qué no se lo dijeron? . El Dr. Tedros ha de haber levantado la ceja cuando escuchó esta parte del mensaje.

Las trilladas palabras de AMLO resonaron en un discurso que más que estar dirigido a los líderes de potencias mundiales parecía estar escrito para uno de sus mítines políticos.

“Esta crisis de salud pública no se resuelve solo en los hospitales, se resuelve en nuestros hogares, nosotros contamos como sucede en otros países del mundo con una institución fundamental: la familia, la familia mexicana, es la principal institución de seguridad social”, dijo AMLO.

Qué barbaridad.

¿Qué habrá pensado Giuseppe Conte de Italia cuando escuchó que la crisis no se resuelve solamente en los hospitales cuando su sistema de salud está colapsado, cuando sus médicos tienen que decidir a quién salvar la vida, cuando gran parte del personal de salud se ha contagiado y mueren personas en sus casas sin atención médica porque no se dan abasto las ambulancias.

Quizá porque no hubo el bombo y platillo de las cumbres del G-20, el presidente menospreció el encuentro. Quizá porque estas cosas de la política exterior en su opinión son cuestiones inútiles, banales, virtuales.

La cuestión es que AMLO al hablar sobre el encuentro se centró en su propio mensaje al G-20, demostró su narcisismo galopante, pero no dijo nada sobre qué fue lo que dijeron sus “colegas” ni la declaración conjunta que firmó .

Vale la pena recordarlo: El  G20 se comprometió a hacer “lo que sea necesario” para superar la pandemia, junto con la OMS, el Fondo Monetario Internacional, el Grupo del Banco Mundial y la ONU, entre otras.

El G20 prometió no escatimar esfuerzos para proteger la vida, salvaguardar los trabajos y los ingresos de las personas.

Sumará esfuerzos para preservar la estabilidad financiera, minimizar disrupciones al comercio y reactivar el crecimiento para recuperarse con más fortaleza.

También, se comprometió a coordinar las medidas en salud pública y financieras.

Por su parte, António Guterres, titular  de la ONU, dijo que se tenía que hacer “un plan de guerra” para vencer al coronavirus.

Pidió hacer pruebas de diagnóstico “de manera sistemática” además de las medidas de distanciamiento físico, por el aumento exponencial de casos pues solamente estamos viendo “la punta del iceberg”.

Y Tedros pidió compromisos para que nunca más vuelva a suceder una crisis de esta magnitud.

Un líder de estado al que se le viene la ola de la pandemia encima de manera inevitable, como lo reconocen las autoridades de salud, debería preguntar a los que la van remontando si tienen alguna recomendación, algo que le aconsejen para amortizar el golpe. Pero AMLO no.

El presidente critica la politiquería, pero sigue hundido en la palabrería y con eso nadie se va a curar.

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