Maria Idalia Gomez

En los últimos siete días los efectos de la detención en Estados Unidos del general Salvador Cienfuegos continuaron al interior del gobierno federal y, especialmente, en el ámbito castrense. Un grupo de generales hicieron llegar algunos mensajes a la jerarquía de la propia Secretaría de la Defensa para exigir una posición de respeto y respaldo al Ejército desde el gobierno federal. 

Se trata de militares de carrera, muchos de ellos respetados dentro de las filas de las Fuerzas Armadas, quienes prácticamente dieron un “respetuoso” manotazo e hicieron un recuento del golpeteo al que han estado expuestos desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador.

Estos elementos, de los más altos rangos, consideran que de continuar las declaraciones sin cuidado por parte de políticos, así como la participación de militares en múltiples tareas que deberían ser civiles, y especialmente el vacío de inteligencia y contrainteligencia, la institución está demasiado expuesta y vulnerable, aseguran, y eso es extremadamente riesgoso.

Al interior de la Secretaría de la Defensa se ha prestado atención a los llamados de estos militares de alto rango, porque es verdad, consideran, son momentos muy delicados en los que se busca no alentar un rompimiento interno. 

Se decidió, por ejemplo, mantener en muy bajo perfil la revisión a la gestión del general Cienfuegos, pues se busca no tener más sorpresas y, por el contario, atajar lo que pueda surgir a mediano plazo por parte de las agencias de Estados Unidos, que investigan a más generales, según han deslizado al gobierno mexicano. 

Y es que existen elementos para sospechar que algo anduvo mal en la pasada gestión. El simple dato de que 70% de los decomisos de la Secretaría de la Defensa cayeron, es algo que se debe analizar, porque el precio de la droga no cayó y tampoco disminuyo el tamaño del mercado.

También se exigió, en Palacio Nacional, la revisión de las operaciones de la DEA en México e incluso de la propia CIA. Se aceptó trabajar en ello, pero después de las elecciones estadounidenses, fue la respuesta. Y sí, algo deberán hacer, porque las autoridades civiles han permitido, desde la administración pasada, que crezca el personal y las bases de la agencia antidrogas del país del norte, que sigue sin establecer lazos de confianza real con funcionarios mexicanos.

En noviembre del año pasado, ejecentral publicó el más reciente informe de la Unidad de Inteligencia Estratégica de la DEA, que muestra cómo la agencia cuenta con 11 oficinas ubicadas en nueve estados del país, incluso en aquellos en los que no hay consulados. Pero un dato aún mas interesante, han desplegado 107 funcionarios, de los cuales el 20% son administrativos y el resto son analistas de inteligencia e investigadores de campo. Esto la convierte en una de las oficinas más grandes del mundo.

Como se publicó entonces, en los documentos no se precisa si los agentes están armados o no, tampoco se incluye a los que viajan de forma intermitente a México como apoyo o para indagatorias específicas.

Veremos en las próximas semanas cómo el gobierno federal continúa quitándole reflectores al tema del general Cienfuegos y por el contrario, un voto de duda. Pero al interior de las Fuerzas Armadas apenas se están llevando a cabo los ajustes entre los grupos que existen, para impedir el rompimiento; además de identificar si existieron hechos de corrupción y de qué tipo, para entonces actuar.

El problema mayor son las operaciones de inteligencia y contrainteligencia, en ello la debilidad de este gobierno es enorme y, en consecuencia, su más grande vulnerabilidad interna y externa. 

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