Maria Idalia Gomez

La última noticia sobre Iguala es que un tribunal de Arizona otorgó, después de tres años y siete meses, asilo político a un exfuncionario, a José Ulises Bernabé García, exjuez de barandilla. 

Podría ser un caso más, pero no lo es, porque existen pruebas de que esta persona era parte del grupo criminal de Guerreros Unidos, pero especialmente que entregó, sin lugar a dudas –sostiene la Comisión Nacional de los Derechos Humanos–, a más de 20 normalistas al grupo criminal y esa fue la última vez que los vieron.

Con esta condición de asilado podría parecer que mágicamente desaparece la responsabilidad de José Ulises Bernabé y cuestiona, una vez más, el expediente. Pero no, esta vez pone en evidencia otra cosa, que Estados Unidos ha utilizado y utiliza este caso a su conveniencia, y que México en los dos últimos años abandonó el caso.

Obtener asilo político en Estados Unidos no es algo sencillo y mucho menos existiendo elementos que te colocan como un funcionario cómplice de uno de los grupos más sanguinarios de México. 

Es por eso que el caso de Bernabé García resulta demasiado extraño por dos razones, la primera es que el tribunal de Arizona consideró pruebas demasiado elementales y cuestionables, y con ello benefició a una persona acusada de ayudar a un cártel que trafica con fentanilo.

La segunda razón es que el gobierno mexicano desde julio de 2015 se enteró que Bernabé García había huido del país y pedía asilo en Arizona. Y desde 2018, cuando comenzó a encaminarse el proceso, la representación mexicana no movió un solo dedo para mostrar pruebas en su contra, ni siquiera para interrogarlo. Nunca pidió su extradición. ¿Por qué el gobierno mexicano podría no estar interesado en detener o por lo menos interrogar a la última persona que vio a más de 20 normalistas desaparecidos?

El problema es que el caso Iguala se enturbió y ahora lo han banalizado. Autoridades, periodistas y organizaciones, con análisis a medias e interpretaciones apresuradas han dejado sin justicia a 43 familias, y en el olvido a los estudiantes. 

Una vez más, con la concesión de este asilo apareció el discurso fácil y ya lugar común: se cuestiona la verdad histórica. Mentira, esta vez no, fue algo peor.

Los señalamientos sobre la participación de Bernabé García en la entrega de estudiantes surge a partir de más de una decena de testimonios, de los propios normalistas, de funcionarios de Iguala y de integrantes de Guerreros Unidos que no han señalado torturas, y de peritajes hechos a los libros de registro y a las imágenes sobre la ruta que siguió la camioneta a donde los subieron. Todo eso no es la verdad histórica, son los datos de las propias víctimas y las investigaciones de la CNDH.

Esto se fortalece con dos elementos más, los documentos de la DEA y del FBI sobre el caso que este periódico ha publicado y que demuestran cómo controló la operación Guerrero Unidos, antes, durante y después de la desaparición de los 43 normalistas, con la colaboración de las autoridades municipales.

La Recomendación de la CNDH establece que está plenamente demostrado que los Normalistas, entre 23 y 28 que estaban en el autobús 1568 y que fue interceptado en las calles de Juan N. Álvarez y Periférico, fueron llevados a la Comandancia de la Policía de Iguala, en donde se encontraba José Ulises Bernabé como juez de barandilla.

A las 11 de la noche, por orden de “El Patrón”, fueron sacados de la comandancia. Los sacó César Nava, subdirector de la Policía de Cocula, con elementos de la policía de Iguala y Cocula y los trasladaron a Loma de Coyotes, donde fueron entregados a Guerreros Unidos. 

Bernabé García obviamente negó en su única declaración que los normalistas estuvieron en la Comandancia, donde era la máxima autoridad en la Barandilla y separos, por lo tanto legalmente él autorizó la salida de los normalistas, jurídicamente fue quien entregó a los normalistas a Nava. 

Deberán responder los procuradores y el fiscal especial por su inacción. Estados Unidos otorga asilo a una persona, pero no ha querido entregar las transcripciones de las horas más importantes de la noche de Iguala. Algo muy perverso.

Y este gobierno no se ha dado cuenta que el GIEI –documentos que usó en su juicio de asilo–, puso en duda que hubieran estado en la comandancia los estudiantes sólo con el testimonio del propio Ulises Bernabé, quien les deslizó algo más: la participación del Ejército. Alguien está colocando el escenario perfecto. 

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