Maria Idalia Gomez

Como responsables de las investigaciones sobre Ayotzinapa esta nueva Fiscalía General de la República lleva 20 meses y los avances son cada día, por desgracia, más dudosos. 

Hay varias explicaciones para ello, la falta de coordinación entre la Fiscalía y la subprocuraduría de Derechos Humanos de Gobernación; la falta de rendición de cuentas de quien era antes el fiscal especial Alfredo Higuera, y la inexperiencia del nuevo jefe la Unidad para el caso, Omar Gómez Trejo, quien, por cierto, se equivoca en un elemento esencial como investigador que debe ser: no puede estar casado con una hipótesis sino que debe mantener abiertas todas las posibilidades; pero está comprometido con la idea de que todo lo que se hizo en seis años está mal. Si esto último fuera así, entonces no ha comenzado por donde debiera: citar a declarar a su antecesor quien tuvo el caso más tiempo en sus manos y es hoy titular de la Subprocuraduría Especializada en Delincuencia Organizada en la misma Fiscalía.

La semana pasada en este espacio mencionaba las contradicciones entre el jefe de la Unidad para el caso, Omar Gómez Trejo, y del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) sobre los restos que confirman que, en algún lugar de Cocula, fue asesinado el estudiante Christian Alfonso Rodríguez Telumbre, uno de los 43 desparecidos.

Pero hay más inconsistencias. Gómez Trejo continuó dando algunas entrevistas más, en la del diario El País (9 de julio), al preguntarle si encontraron los restos de Christian en una cama de cenizas y respondió: “Sobre la superficie. No era una fosa. No había cenizas, nada. Eso lo daremos a conocer próximamente. Es muy distinto al de 2014 y no puedo decir nada porque está pendiente de judicializar. Al final, se trata del paradero de Christian, que es importante para construir la narrativa: ¿por qué llega ahí?”.

Encontraron restos muy quemados pero sin rastro alguno de un fuego, entonces no es el lugar del crimen, dice la lógica pericial. 

Sólo que, también en julio pasado, el mismo subsecretario Alejandro Encinas dio una entrevista a Canal 14 y aseguró que los restos encontrados “no fueron expuestos al fuego”.

Otros datos extraños. Los peritos del EAAF que representan a los padres de familia dijeron que consideraban eran dos cuerpos los encontrados en el nuevo lugar, pero antes, en enero, el vocero de los padres de los normalistas, Felipe de la Cruz, al salir de una reunión en la Fiscalía aseguró que “en un punto cerca de Iguala se encontraron los restos de cinco personas, los cuales serán analizados en Austria”. Entonces eran dos o cinco, y sólo se sabe de Christian, ¿los demás?

Una más. Gómez Trejo le dijo a El País que el hallazgo no fue en el mismo lugar en el que sus entonces jefes del GIEI revisaron hace cuatro años con Técnica Lidar (que permite un análisis del terreno de forma muy amplia), sino tan sólo a 200 metros. Pero los de EAAF aseguran que este hallazgo se hizo en un radio de 200 metros. Incongruente, ¿no? 

Hay más sobre lo confuso de las declaraciones de quienes son responsables ahora de las pesquisas de Ayotzinapa. En enero pasado, el subsecretario Encinas adelantó a La Jornada que “hasta el momento ninguno de los restos humanos analizados ha coincidido con el perfil genético de algunos de los normalistas”. Y Gómez Trejo dijo que viajaron al laboratorio en Viena, con los restos en valija diplomática, hasta el 28 de febrero y 2 de marzo.

Otro dato más. A Gómez Trejo el juez le negó 46 órdenes de aprehensión por el caso. Esta semana se vencieron los 40 días de arraigo a los que fue sometido José Ángel Casarrubias Salgado, El Barbas o El Mochomo, identificado como uno de los líderes de Guerreros Unidos. La Fiscalía debió solicitar otros 40 días para continuar con las pesquisas en su contra y así poderlo acusar de algo. Esto a pesar de que existen testimonios e intercepciones telefónicas que plantean que participó en la noche de Iguala como uno de los líderes del grupo criminal.

Y el último. También esta semana fue sentenciado a 20 años de prisión a Santiago Mazari Miranda, “El Carrete”, por su participación en el Cártel de Los Rojos. A pesar de que existen testimonios que sostienen que “infiltró” entre los estudiantes a integrantes de su grupo criminal y que fue quien ordenó que se trasladaran los jóvenes a Iguala, a través de los líderes normalistas, algo muy extraño. El Carrete no ha sido investigado, interrogado y menos acusado, a pesar de su posible papel que lo vincularía con los líderes de la Normal de Ayotzinapa.

Son ya 20 meses de tener a su cargo las investigaciones y los avances reales, que deberían traducirse en acusaciones penales no han ocurrido. 

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