María Idalia Gómez

Lo que comenzó como un distractor y una provocación por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador, puede cobrar forma y eliminar una de las instituciones más importantes para el basamento democrático y la acción ciudadana, el INAI. Pero también, si así lo decide, puede ser su gran oportunidad.

El riesgo existe porque el instituto se ha convertido en un ente burocrático, asumiéndose más gobierno que ciudadano, y que en más de las veces ha respaldado posiciones gubernamentales que las peticiones de transparencia.

Por si fuera poco, en estos días sus comisionados han sido tímidos en sus respuestas. No se han atrevido a decirle al Presidente que miente sobre los autores del ocultamiento de información, y que es ahora la Fiscalía General de la República y las secretarías de su gabinete los que la ocultan, porque sólo en el discurso está la palabra transparencia, el resto es simulación.

Si el INAI no se decide a defenderse, en el ánimo de la población quedará la idea de que se trata de un organismo que no sirve, y que su trabajo bien puede asumirlo otra dependencia, como propone López Obrador, la Secretaría de la Función Pública, aunque sea otra de las entidades que simula actuar, que no avanza en las decenas de expedientes que se abrieron hace más de un año por las irregularidades encontradas.

Es cierto que hay una gran oportunidad para el instituto. Sólo basta que se ponga a trabajar y ejerza su autoridad, de la que le han dotado los ciudadanos. 

No supervisa una transparencia efectiva, le basta con una respuesta formal de las dependencia, pero no verifica que sea real, ni siquiera revisa que cada dependencia cumpla con sus obligaciones de transparencia en sus páginas. 

Tampoco exhibe a las áreas que no cumplen ni sus propios fallos, algo que le obliga la ley. Es tiempo de hacerlo.

Tampoco impone a funcionarios, sindicatos o partidos todas las sanciones que le permite el Título Sexto de la Ley. Es tiempo de hacerlo.

Es momento de interponer denuncias por las presuntas infracciones a la ley, por parte de los entes  y verificar que en el Archivo General de la Nación se encuentren todos los acervos, y si no es así exhibirlo, incluso de gobiernos anteriores.

Es el momento en el que el INAI se convierta en ciudadano y que incluso defienda las conquistas ya ganadas, y las amplíe, no sólo que parezca que lo hace.

Baste recordar una anécdota, el instituto se atribuye la apertura del expediente Ayotzinapa, algo que es falso, porque en realidad ya antes había determinado su apertura la entonces Procuraduría General de la República. En este caso se demuestra cómo vive el INAI de la apariencia, porque ni siquiera se dio cuenta, ni lo ha siquiera denunciado ni actuado en consecuencia, que la ahora Fiscalía dejó de transparentar ese mismo expediente. 

Es tiempo de tener un instituto de gran estatura y Andrés Manuel López Obrador le abrió oportunidad. 

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