El Plan Estratégico 2025–2035 de Pemex marca un punto muy importante para la Empresa Pública del Estado. Se plantea como un instrumento integral que articula metas productivas y financieras, entre ellas: alcanzar una producción sostenida de 1.8 millones de barriles diarios, ampliar la capacidad de refinación de gasolinas y diésel, y reducir en más de 20% su deuda hacia 2030. Se trata de objetivos que buscan garantizar la soberanía y seguridad energética, al tiempo que disminuyen la carga fiscal que Pemex representa para las finanzas públicas.
Sin embargo, la experiencia reciente y su contraste con el presupuesto previsto en el propio Plan Estratégico para 2026, apuntan a discrepancias que no pueden pasarse por alto. Entre 2019 y 2024, la producción de hidrocarburos líquidos se mantuvo en promedio en 1.7 millones de barriles diarios (mmbd), lejos de las metas anunciadas en 2019 (2.6 mmbd) y aun por debajo del ajuste realizado en 2023 (1.8 mmbd). En paralelo, Pemex recibió apoyos fiscales y patrimoniales por 2.4 billones de pesos, que le permitieron presentar balances positivos a partir de 2021, pero no por eficiencia operativa, sino por las propias transferencias del gobierno federal.
La discusión del paquete económico 2026 implicará grandes retos para Pemex. El presupuesto contenido en el Plan prevé una reducción de 8.05% en inversión para exploración y extracción, área que debería sostener la producción futura. En refinación, se contemplan en promedio 17 mil millones de pesos anuales hasta 2035, superiores a los 12 mil de la administración pasada. En servicios personales, el gasto previsto asciende a 111 mil millones de pesos, un aumento de 4.2% frente a 2025.
A lo anterior se suma la complejidad de los mecanismos de financiamiento. El plan reconoce que buena parte de la inversión dependerá del Presupuesto de Egresos de la Federación, pero también se apoya en vehículos financieros respaldados por la banca de desarrollo y el FONADIN. Aunque no necesariamente se registran como deuda pública, estos instrumentos sí generan compromisos para la Federación. Ante esto, nos hacemos la pregunta ¿Es posible que Pemex cumpla con sus metas?
Esta duda surge ante los balances financieros que presenta Pemex. Mientras el Plan Estratégico proyecta superávits de 2025 a 2035, los escenarios presentados al Consejo de Administración anticipan déficits entre 2027 y 2031. Y aquí el punto central, el plan supone que a partir de 2027 Pemex dejará de recibir apoyos federales y “caminará solo”. Pero la evidencia señala que, sin recursos del gobierno federal, la empresa pública no hubiera logrado resultados positivos.
El reto no es proyectar metas ambiciosas, sino construir un marco realista que concilie producción, sostenibilidad financiera y responsabilidad con las finanzas públicas. El Plan Estratégico 2025–2035 plantea objetivos más moderados y alcanzables que en la administración pasada; sin embargo, las discrepancias entre lo planeado y lo presupuestado generan dudas sobre la viabilidad de su cumplimiento. Mientras esa ecuación no se resuelva, la promesa de un Pemex autosuficiente puede quedar solo en una propuesta.