Donald Trump no ha parado de encabezar una agenda agresiva y desestabilizadora en la arena internacional. La primera semana de enero capturó militarmente a Nicolás Maduro y bombardeó Caracas; al mismo tiempo comenzó a amenazar con conquistar Groenlandia, y en febrero ejecutó un verdadero bloqueo a Cuba, al que ahora busca intervenir de forma “amistosa”. Más recientemente retomó la agenda anti Irán, bombardeando regiones estratégicas en conjunto con el Estado de Israel, asesinando al líder supremo Alí Jamenei, al ministro de Defensa, al comandante del CGRI, y dejando a más de 1000 civiles muertos según la HRANA.
Este último golpe contra Irán ha desatado una guerra en la región asiática. Claro que el Estado Iraní contraatacó y la prensa occidental ha criticado más la respuesta iraní que el ataque original israelita-estadounidense.
La agenda intervencionista y las violaciones al Derecho Internacional son claras y las víctimas civiles han sido mortales y económicas alrededor del mundo. Sin embargo, las reacciones en el mundo son limitadas cuando las ponemos en perspectiva.
Rusia invadió Ucrania en febrero de 2022 y, tan solo un par de días después, la nación que fue sede de la Copa del Mundo de la FIFA en 2018 quedó vetada de la siguiente edición en Qatar y de toda competencia organizada por la FIFA o la UEFA.
Rumbo a otra Copa del Mundo, Estados Unidos acaba de bombardear masivamente a Irán, selección clasificada al Mundial 2026 con todos sus partidos programados en suelo estadounidense. El presidente de la federación de fútbol iraní ya puso en duda la participación de su selección nacional en el torneo. La prensa y los políticos de occidente no cuestionan que EE.UU. sea la sede del mundial ni lo excluyen de ningún evento, sino que critican la defensa del país agredido — lo han hecho los gobiernos de Alemania, Reino Unido, Francia, Canadá, Países Bajos, entre otros. Durante el sorteo del Mundial en diciembre de 2025, el presidente de la FIFA entregó un trofeo, un “reconocimiento a esfuerzos por la unidad mundial y promoción de la paz” a Donald Trump y, hasta ahora, no ha criticado nada de lo que el presidente estadounidense ha realizado en el mundo. De hecho, Trump declaró hace unos días que no le importa si Irán participa o no en el torneo ¿Qué ocurrirá con la legitimidad de la FIFA si Irán no va al mundial por este conflicto y Trump mantiene el galardón de la paz?
Suena increíble el contraste de reacciones. Rusia fue puesto como villano absoluto, bajo el argumento de que intervenir militarmente en otro país y violar la ley internacional es imperdonable. Estados Unidos y sus aliados, aparentemente, pueden intervenir lo que quieran y violar las leyes que necesiten y nunca se les va a excluir de nada. A Trump no le van a quitar la sede del mundial 2026 ni la de los Juegos Olímpicos de 2028 — con sede en Los Ángeles. Israel puede encabezar un genocidio, exterminar a un pueblo completo ante los ojos de todo el mundo y aún así tener la oportunidad de competir por clasificar a diversas competencias deportivas internacionales, porque está alineado a la agenda de occidente. La prensa occidental y los organismos internacionales muestran una vez más hacia dónde está inclinada la balanza. Cada vez tenemos más argumentos para cuestionar qué defiende la FIFA ¿El futbol es para todos? ¿O tal vez la Copa del Mundo es otro instrumento más para mover las fichas en el tablero de la política internacional?