Peña y El Chapo: mitologías

14 de Marzo de 2026

Peña y El Chapo: mitologías

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EJECENTRAL

Las figuras de esta historia están sujetas al vaivén de la fortuna de las capacidades materiales y simbólicas de sus respectivos equipos y los procesos que representan.

Dos mitologías –como las define Ernesto Laclau, espacios compartidos de creencias y realidades- se enfrentan: el de las autoridades y el de la subversiva percepción positiva de la criminalidad en su envoltura tanto de camiseta impregnada de sangre y suciedad como en la guapa y cool.

De la pobreza a la jefatura de un imperio de drogas en un país de desigualdad y corrupción. De la ineficiencia en materia de políticas públicas a la recaptura del criminal simbólicamente más importante para un presidente en los últimos cien años.

De un lado, Enrique Peña Nieto consiguió parcialmente aminorar la presión de la opinión pública por los temas de debilitamiento de la aceptabilidad de su imagen, inseguridad acentuada por el tema de los últimos dos sexenios, el de la inseguridad y la violencia, con su estación dramática de inicio de 2016 en Morelos y por el señalamiento del New York Times de que su gobierno se caracteriza por ausencia de rendición de cuentas, expuesto cuatro días antes de la nueva captura de Joaquín Guzmán Loera.

Falta al gabinete presidencial resolver el tema de lo “imperdonable” de la segunda fuga. Por supuesto el tema de La Casa Blanca, señalado por el diario estadounidense, como por la opinión pública nacional, sigue activo para la crítica.

De otro lado, el impacto mediático periodístico del encuentro de El Chapo con Sean Penn y la mediación de Kate del Castillo, establece un nuevo espacio de reavivamiento de la mitología alrededor de Loera. Si hay algo más cool en el mundo de Hollywood que la imagen de Kate o Penn ahora mismo, con todo y el anuncio de que serán llamados para la PGR y eventualmente por la DEA, es difícil encontrarlo.

Al mismo tiempo, esta convivencia de discursos, el de la autoridad que apuesta a ser reconocido en su eficiencia, especialmente inteligencia de la Marina y el de la apología de lo criminal en su debatible relación con la pobreza y el desempleo que arroja El Chapo y una pléyade de analistas, debe ser adicionado por información creíble, veraz y oportuna por parte de la autoridad.

El Gobierno Federal está obligado a ser eficiente en su gestión de mensajes. Asegurarse de mantener consistencia en su discurso es fundamental en la percepción que pueda construirse de la realidad y la percepción respecto de El Chapo y de la inseguridad. Los otros 24 capos que son buscados deben ser detenidos si lo fue el de Sinaloa, debe responderse al tema del desarrollo, las oportunidades y la legalidad.

A la opinión pública también le hace falta conocer la barbarie de los sicarios que destazan vivas a personas para infundir el terror indispensable para hacer efectiva la extorsión; necesita pensar en el pragmatismo elemental de respaldar a las autoridades y requiere asumir autocríticamente cuál es la relación de la delincuencia con la desigualdad y una manera de entender el crecimiento económico y la distribución del ingreso y las oportunidades…si es que hay algo de verdad demostrable en lo que dicen especialistas del Gobierno e independientes…y El Chapo.