Luis M Cruz

1.

 Desafortunadamente, el grupo de expertos de la OMS integrado en el Comité de Emergencia considera que los efectos de la pandemia del Covid-19 durarán varias décadas, dada la virulencia y tremenda capacidad contagiosa del mismo, pues se expande por las formas más humanas de ser, como son el contacto, la sociabilidad y la necesidad de convivir que nos caracteriza. La cuestión es que estos efectos se refieren no sólo a las cuestiones científicas y sanitarias, que requieren tiempo e inversiones cuantiosas, sino a los aspectos económicos, sociales y de las estructuras comerciales y productivas, hoy más interdependientes que nunca. La globalización, al final de cuentas, es eso, un mundo sin fronteras, interactuante, comunicado e interdependiente.

2.

 No es posible pensar en retroceder al medioevo, al confinamiento y aislamiento prolongados como una solución prolongada. Tampoco habremos de regresar a las formas como eran antes, debiendo integrarse adaptaciones en el camino. Según la OMS, no es el momento de bajar la guardia o cantar victoria, sino de persistir en la estrategia de contención y sanitización, con extrema prudencia en la reapertura de la economía y la reactivación de actividades productivas y recreativas. Pronto, los sistemas de salud de los países habrán de adquirir rango de seguridad nacional para enfrentar ésta y cualquier otra contingencia, tornando a ser sistemas convertibles y robustos para disponer en todo tiempo de hospitales equipados, personal médico y asistencial suficiente, insumos y medicamentos oportunos. Se requiere en esencia de mayor inversión en la salud y el desarrollo de capacidades para anticipar y prevenir por sobre todas las cosas.

3.

 Por lo pronto, dice Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, el mundo deberá convivir con el virus, quizá asimilarlo hasta la inmunidad de rebaño, habida cuenta que será un virus más entre los muchos que nos afectan en lo cotidiano. Afortunadamente, hay tres vacunas en la fase final de pruebas para su uso quizá entre octubre y enero próximos , así como un tratamiento efectivo a base de un antiviral (Redemsivir), un antiinflamatorio (Betametasona) y algún antibiótico (Azitromicina), entre otros que han tenido buenos resultados. Habrá que pensar también en la reforma de la OMS, pues nunca más debe haber laboratorios de pruebas sin las debidas salvaguardas e inspección, como el que en Wuhan manipuló y dejó escapar un virus tan letal como es el Covid-19.

4.

 En lo económico y social, será imprescindible mitigar los daños y recuperar lo perdido será tarea de varios años, de dos a cinco por lo menos. También habrán de requerirse cuantiosos recursos públicos y privados para asimilar las pérdidas, contar con soporte vital y reactivar las cuentas y procesos prácticamente desde cero. La reducción del PIB, pérdida neta pues, es del orden del 10% en promedio en países de América Latina, más allá del estimado global de decrecimiento en torno al seis por ciento.

5.

 Pero atender el aspecto social resulta más complejo. Nada lesiona más el nivel de vida de una sociedad que la pérdida de empleos y empresas. En el mejor de los casos, en México habremos perdido un millón 100 mil empleos formales en tanto que por lo menos 10 mil empresas pequeñas y medianas no podrán reabrir sus puertas. Con las previsiones a la baja en lo que respecta a crecimiento, inflación, tipo de cambio y precio del petróleo, fundamentales para estimar el presupuesto del año entrante, el margen público de maniobra será muy estrecho en tanto que las previsiones privadas, por lo visto son escasas. Quizá sea el tiempo de considerar medidas extraordinarias para inyectar liquidez a la economía, sea mediante crédito internacional o bien, ampliar el mandato del Banco de México para aplicar una parte de las reservas internacionales a la reactivación, como sucede en otros países. 

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