Luis M Cruz

1.

 Ciertamente, el censo cada diez años nos permite tomar una fotografía de la sociedad que somos. Los datos muestran los retos y desafíos que nos esperan, al igual que todo aquello realizado. El que seamos unos 126 millones de habitantes deja de lado que otros 38 millones de mexicanos decidieron migrar en busca de mejores oportunidades, fundamentalmente a los Estados Unidos. El que tengamos una esperanza de vida de 75.2 años omite señalar que en las últimas dos décadas apenas y se ha incrementado un cuarto de año. Nuestra escolaridad promedio es de 9.7 años, prácticamente la misma que en dicho periodo. Y nuestro ingreso per cápita, de alrededor de 10 mil dólares al año, en realidad ha disminuido si se toma en cuenta el poder de compra. Es decir, los datos sociológicos del censo nos muestran estancados, con dificultades para asumir un rol en el futuro, como no sea el integrarnos al bloque económico de América del Norte, en el cual figuramos quizá a pesar nuestro. 

2.

 Es muy probable que en el mundo post Covid nuestros indicadores tiendan a deteriorarse, dados los costos enormes que el stop económico y las afectaciones a la salud y al ingreso de millones de empresas y familias habrán de dejar y que deberán subsanarse, dicen, en un periodo de tres a cuatro años. Empero, según datos de la ONU en el mundo y del CONEVAL, millones de personas, casi 200 globalmente, habrán caído en la pobreza, siendo en México once millones quienes habrán de padecerla y situando por encima del 60% la población total en situación de pobreza por ingresos. 

3.

 Entretanto, otros países se encuentran inmersos en una intensa carrera por la inmunización y la recuperación económica. Los Estados Unidos están vacunando a casi dos millones de personas diariamente, en la Unión Europea se acaparan las dosis producidas en su territorio, India se está convirtiendo en la fábrica de otras tantas naciones y en China prácticamente ni se acuerdan del coronavirus incubado en Wuhan, en donde se encuentra una misión de la OMS intentando rastrear cómo es que se originó, cuando cualquier evidencia ha sido más que borrada. El que proviniera de un murciélago herradura de las aisladas cavernas de Yunan, cómo llegó a Wuhan y de ahí se dispersó vía aérea al resto del mundo, pareciera carecer de importancia, no obstante haber causado la muerte hasta el momento de 2 millones 300 mil personas en todo el mundo, pero menos de 5 mil en la propia China continental. 

4.

 En México, el censo muestra nuestro promedio de edad en 29 años, era de 22 hace apenas una década, siendo ya 15 millones de personas mayores de 60 años.  Es decir, nuestra población registra un envejecimiento demográfico que irá acentuándose en las próximas décadas; en los Estados Unidos, este promedio es de 38 años, siendo de 41 en la Unión Europea y de 36 en China. Lo que puede ser todavía una ventaja demográfica también es un reto, pues una población preponderantemente joven demanda más empleos, satisfactores y previsiones sociales, algo complicado en México cuando en los próximos tres o cuatro años habremos si acaso, recuperado los puestos perdidos en la crisis del Coronavirus. 

5.

 En los años setenta del siglo pasado, México y China estaban prácticamente a la par en cuanto al tamaño del Producto Nacional Bruto. En China se realizó la gran reforma estructural impulsada por Deng Xiaping, creando un capitalismo de Estado, de los más eficientes del mundo. En México, por décadas hemos estado en la debacle de la deuda externa y la crisis del Estado de la que aún no hemos logrado salir, dejando de invertir en lo que realmente importa: educación, ciencia, tecnología e infraestructura. La diferencia es más que palpable, China es hoy la segunda economía más grande del mundo, dinámica, competitiva y gran rival para las democracias occidentales, en tanto México aún no resuelve lo fundamental, que es planear e invertir en el futuro porque éste, ya lo hemos visto, no espera a nadie. 

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