Luis M Cruz

1.

Las elecciones de medio término en Estados Unidos sucedieron conforme a los vaticinios, sin que fueran un triunfo absoluto de los demócratas ni significaran una derrota total para el presidente Donald Trump, si bien le merman la capacidad que tenía de imponer agenda al perder los republicanos la mayoría en la Casa de Representantes.

El perfil de la gestión Trump es ahora el de un gobierno dividido con control constitucional por la Casa de Representantes. Es decir, un terreno para la política, la negociación y los acuerdos cuando éstos se quieren o la confrontación resultante, según se maneje.

Trump, no obstante, como el fajador nato que es, rápidamente reacomodó los resultados en una derrota para sus adversarios internos más que a él o a su administración. Diluyó el debate y puso a los demócratas a elegir entre el bien o el mal: el bien que representa su agenda para “proteger” las fronteras de Estados Unidos o el mal que los adversarios comerciales significan (China y la Unión Europea, según Angela Merkel), amén de aquellos que quieren “invadir” a su país, los migrantes del sur de la frontera.

2.

Para México, el resultado cambia poco las situación. Hay quien piensa que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador podría descansar por poco tiempo de la hostilidad del presidente Trump, al tener problemas propios que resolver, o bien, que podría obtener apoyo suplementario de los demócratas, dados los contactos personales como Marcelo Ebrard Casaubon—quien colaboró con el alcalde Antonio Villarraigosa en Los Ángeles, California— pero lo cierto es que la relación habrá de seguir en un tobogán.

3.

Por ejemplo, si se trata de las caravanas migrantes, es obvio que Trump no va a ceder y éstas le han dado sustento a la demanda primordial de construir el muro, pues hasta los demócratas deberían conceder que un comportamiento de los caravaneros ante la frontera norte como lo hicieron en nuestra frontera sur simplemente abonaría a los planes del republicano. En el tema migratorio, las cosas volvieron al estatus que tenían con el expresidente Barack Obama, donde no quieren una ley migratoria laxa, pero tampoco una regresiva, por lo que las negociaciones seguirán largas, pantanosas y con Trump mostrando los dientes a cada paso.

En materia comercial, quizá sea la Casa de Representantes con mayoría demócrata la que revise a fondo lo que convinieron los negociadores de Trump, aun cuando la ratificación sea un asunto del Senado, en donde tiene mayoría.

4.

Los temas de seguridad y justicia son algo que habrá de ser abordado al filo de la navaja. La futura permisividad de la política de narcóticos para  legalizar mariguana y amapola en principio, con amnistía y un menor rol para el Ejército y los choques con los narcos armados, pensados para atajar la guerra interior o de baja intensidad, pero alta mortalidad de los últimos doce años, serán evaluados día a día. Cosa de ver será que lo comercial y el turismo estarán atados casi religiosamente a como se vaya dando el trasiego de drogas y la cooperación antinarcóticos, conforme a los intereses de los Estados Unidos.

5.

La otra cuestión, como lo muestra la determinación del presidente Trump para acallar la investigación de la conexión rusa al despedir al fiscal Sessions y acorralar al fiscal especial Mueller, es que Trump abre su campaña por la reelección. Hizo de la derrota intermedia un asunto de sus opositores internos, que son los que perdieron según su entender. Ahora se montará en una cruzada contra los demócratas, quienes pagarían los platos rotos al acusarles de estorbar su programa en un momento de auge de la economía.  Habrá Trump para rato y no será una perita en dulce para la nueva gestión mexicana, a menos que éste juegue en el marco de sus designios.

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