Luis M Cruz

1.

 Ciertamente, los datos crudos, los saldos y el sufrimiento humano provocado por el parón económico del Covid-19 se asemejan a los vistos hace noventa años, cuando la gran depresión de los años treinta. Sin embargo, a diferencia de entonces, para enfrentar la dura cuesta que viene tanto el capital humano, los gobiernos y  la infraestructura física y productiva siguen ahí, sufriendo en el bolsillo y en las arcas pero fundamentalmente ahí. Los diferentes mecanismos de gestión ante la crisis han iniciado la reapertura de las economías y conforme vuelven las actividades productivas y sociales, las noticias de pruebas exitosas tanto en vacunas como en tratamientos pronto asequibles han reducido la incertidumbre sobre el efecto de una posible segunda ola de contagios. 

2.

 Ello ha dado pie a que los economistas consideren, por un lado, que la crisis ha tocado fondo, conforme a las cifras reajustadas tanto por la OCDE como por el FMI, quienes estiman una caída en las previsiones del crecimiento mundial de -3.0 a -5% en este año, pero con una rápida recuperación para el 2021 en torno al tres por ciento. Ello significaría que en este año se perderían varias decenas de millones de empleos mermando el ingreso de igual número de familias, pero en el transcurso del próximo ciclo se estarían recuperando gran parte de las posiciones afectadas. Es decir, en el horizonte se percibe una recuperación sobre bases productivas que siguen siendo sólidas, debiendo concentrarse los gobiernos en la mitigación de los impactos sociales pues millones de trabajadores formales e informales habrán visto reducir sus ingresos y muchos de ellos se estarían ubicando en el umbral de pobreza. Ciertamente, en los países con mayor vulnerabilidad, como son los de América Latina, con sistemas de protección social más frágiles, el impacto laboral requeriría de un plazo mucho mayor para redimirse, del orden hasta de cinco años. 

3.

 Se ha discutido mucho sobre la forma que podría tener esta recuperación, pero lo relevante es que no se habla de un desplome irreversible. Por ejemplo, el grupo financiero Banorte considera que lo peor de la crisis económica provocada por el Covid-19 ha sucedido, con lo que la contracción de la actividad económica del país se ubicaría en el peor de los casos hasta en 9.8%. Por otra parte, los diferentes países reportan los datos correspondientes al segundo trimestre del 2020, en donde la Eurozona y Alemania estarían reflejando datos de -14.5% y -10.9% respectivamente; en México, conforme a la reducción del IGAE, estaríamos ante una caída trimestral del 19.5%, en tanto que Estados Unidos reflejarían datos en torno a 8%; cifras realmente dramáticas, pero que nadie considera definitivas o irreversibles. La recuperación económica podrá tener una forma de “V”, de “W” de “U” o de “palomita Nike”,  pero será una recuperación que reduce, por lo pronto, la incertidumbre sobre el futuro inmediato.

4.

 Al respecto, el primer jalón de la recuperación sorprendió agradablemente al observarse una balanza comercial superavitaria en junio para nuestro país por 5,546.7 millones de dólares, cuando se esperaban si acaso 1,547 millones. Lo mismo sucedió con las remesas enviadas por los connacionales, cercanas a los 4 mil millones de dólares cuando era de suponer se reducirían ante el confinamiento por la pandemia. El volumen neto del comercio (exportaciones más importaciones) se recuperó a -17.3%, bastante mejor que el -52% de mayo último. Hasta el componente petrolero ha resultado mejor de lo esperado, incrementando su participación en 11.1% con precios más estables en torno al promedio de 40 dólares el barril y la expectativa de incremento en la demanda en los próximos meses. 

5.

 Es decir, la economía podría tener una recuperación más rápida de lo esperado, sólo limitada por la cautela debida que aún se requiere para vencer al coronavirus. 

 Pentagrama es un espacio de opinión y estudio de la realidad en el que se analizan, con enfoque prospectivo, los hechos de la política y del acontecer legislativo.

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