Luis M Cruz

1. Siempre se ha dicho que las crisis, más allá del impacto directo en vidas y circunstancias, traen aparejadas opciones de cambio. Hay quien las sabe aprovechar y hay quienes no, significando la suerte de ganadores y perdedores según se beneficien o no de la situación.


2. Al respecto, Francis Fukuyama, aquél célebre autor que escribió sobre el fin de la historia con el ascenso del orden liberal democrático tras la caída de la Unión Soviética, subraya en reciente ensayo (The Pandemic and Political Order, Foreign Affairs, julio/agosto 2020) que las grandes crisis tienen grandes consecuencias, generalmente imprevistas. Así, la gran Depresión devino en aislacionismo, nacionalismo, el ascenso del fascismo y la Segunda Guerra Mundial, pero también llevó al New Deal, el ascenso de los Estados Unidos y la descolonización del mundo. El ataque del 9/11 a las Torres Gemelas en Nueva York produjo las intervenciones ahora fallidas en Irak y Afganistán, el fortalecimiento de Irán y nuevas formas de radicalismo islámico. La gran crisis financiera global de 2008 generó un profundo sentimiento antiestablishment y el auge del populismo por todo el mundo.


3. Definitivamente, la historia nunca tiene un punto final como tampoco el devenir humano y lo más probable es que se mueva en una espiral no siempre ascendente, como Octavio Paz lo sugería en sus escritos de la India. Pero lo que sí resulta relevante es atisbar al futuro de manera que podamos anticipar los efectos entonces de lo que está pasando ahora. Cual aleteo de una mariposa en el otro lado del mundo, la pandemia del coronavirus vino a provocar un huracán global que tiene pasmadas las economías, los gobiernos y las sociedades en todas partes. El miedo a lo impredecible provocó una respuesta casi medieval, aislando poblaciones y restringiendo la movilidad, como si de la peste negra se tratara. Y, dice Fukuyama, es claro ahora por qué algunos países lo hicieron mejor que otros manejando la crisis sanitaria, si bien sólo mucho después se podrá tener un balance acucioso de quiénes lo hicieron realmente mejor que otros preservando la vida, reduciendo los impactos económicos y sociales y reordenando lo necesario para cualquier otra contingencia futura. Una de las lecciones resultantes es que los países con un Estado eficaz, un gobierno en que la gente confíe y un liderazgo efectivo han tenido un mejor desempeño.


4. Mucho es lo que tendrá que hacerse para reandar el camino, dada la magnitud de los impactos previsibles, cuando países como China hablan de un “año cero” en el que no habrá prácticamente indicadores económicos y los organismos multilaterales estiman una recesión global de al menos 6%, pudiendo escalar a 8 ó 10 si se da un rebrote hacia el invierno y no se dispone de una vacuna o un tratamiento. Afortunadamente hay vacunas en fase de pruebas y algunos medicamentos están dando resultados terapéuticos, por lo que es posible se tengan para el invierno.


5. Tras ello, es muy probable que se profundice el choque entre Estados Unidos y China, que escala lo puramente comercial para pasar al terreno geopolítico. No obstante se perfilan ciertos cambios en el orden político. Como en la crisis global del 2008, la gente está acumulando un gran resentimiento, estando por venir en lo inmediato, al menos en el mundo libre, procesos electorales importantes. Por ejemplo, en los Estados Unidos hay un proceso electoral en noviembre para elegir al Presidente, un tercio del Senado, la totalidad de la Cámara de Representantes y trece gubernaturas. Nada exime que los electores hagan valer su sentir a la hora de votar, algo que no sucede en China, en donde el Estado tiene el control absoluto de los procesos electorales y el hegemónico Partido Comunista exime al presidente Xi Jingping de la elemental rendición de cuentas.

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