Luis M Cruz

1.

 Los siete países más poderosos de la Tierra más la Unión Europea, esa supranación del viejo mundo, se reunieron presencialmente en Cornualles, Reino Unido, para conducir la normalidad postCovid, y retomar la agenda de prioridades globales, trastocada tras el trágico año y medio de una indómita pandemia. Habrá quienes esperábamos un mundo mejor emergiendo del tremendo impacto de la Covid-19, en el que imperasen la generosidad, la cooperación y el apoyo de los más prósperos a quienes necesitan recursos y vacunas, pero nos encontramos con la fría realidad de la geopolítica y la geoestrategia.

2.

 La agenda internacional sigue siendo prácticamente la misma anterior a la emergencia sanitaria, actualizada por los intereses en conflicto. La gran crisis global provocada por la pandemia tiene como referentes sus efectos, fallecieron casi cuatro millones de personas, 115 millones más cayeron en situación de pobreza y existen pérdidas globales de 38 trillones de dólares, ante lo cual las acciones para la recuperación parecen sólo reflejar los intereses en pugna. Habrá de enfrentarse la necesaria inmunización global sin contar con una acción concertada de los países productores de vacunas, esencialmente Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y China. Han prevalecido prácticas de mercado y de control estratégico entre bloques antagónicos, en donde se acaparan los biológicos y distribuyen asistencialmente entre amigos y aliados. El mecanismo Covax quedó en un segundo plano, no fue adoptada la liberación de patentes para las vacunas, ni las hechas en China o Rusia son de libre acceso. Se hubiera pensado en la solidaridad china al respecto, pero este país se ha preocupado más por ocultar la manipulación del coronavirus desde una lejana cueva minera en Yunnan a un laboratorio de virología en Wuhan, que en despachar vacunas para todo el mundo.

3.

 Ha sido el interés geoestratégico de los países del G7+UE el que estará contando para lograr la inmunidad global, al acordar la aportación de los recursos para las vacunas, con una donación inicial de mil millones de dosis a través de Covax o de manera directa a los países vulnerables. 

4.

 Respecto del cambio climático, los acuerdos de Cornualles retoman los previos de París, restableciendo la transición energética y la reducción de emisiones, consistentes con la agenda 2030 de la ONU. Empero, no se disponen fondos adicionales para mitigar o recuperar los daños medioambientales globales, sino proponen planes de crédito para que los países afectados paguen aún siendo víctimas. Por ejemplo, la FAO, garante de la producción de alimentos en el orbe, tendrá los mismos recursos prepandemia de hace dos años, cuando los precios internacionales de alimentos han subido hasta 20% conforme la economía se reactiva, trasciende en la Cumbre Mundial de Alimentación desarrollada en estos días. Lo que se requiere es que los grandes países emisores de gases de efecto invernadero paguen por los efectos que causan, como son sequías, desertificación, calentamiento de los mares, muerte de especies y oleadas de macroalgas o huracanes y tormentas monumentales.

5.

 En cuanto a la geoestrategia, la cuestión irá de la guerra comercial a la guerra fría entre el este y el oeste, como era antes, siendo Africa, medio Oriente, el sudeste asiático y América Latina los escenarios del conflicto. En el ámbito fiscal, los Siete más Europa convinieron un impuesto del 15% a la evasiva riqueza corporativa. Es lo que significa el llamado a contener y enfrentar con un plan de inversiones “las rutas de la Seda” chinas y la reactivación de la alianza atlántica para detener el expansionismo ruso. Todo ello elevará las tensiones globales en ciberseguridad, terrorismo y su financiamiento, comercio controlado, migración, narcotráfico y trasiego de armas, es decir, la agenda global en términos de las viejas prácticas y riesgos de un mundo confrontado. 

Síguenos en @EjeOpinion

Compartir