Luis M Cruz

1.

 En seis días, los candidatos a la Presidencia de los Estados Unidos dirimirán su suerte, en una contienda por la continuidad o el cambio. Ambos, van por todo o nada, dadas las diferencias profundas en sus programas y enfoques. Si a las encuestas nos atenemos, prácticamente todas anticipan el cambio sobre la continuidad en la Casa Blanca. Aún cuando Trump logró la ratificación de la juez Amy Barret, el candidato del Partido Demócrata gana por mucho el voto popular, superando en promedio entre ocho y 10 puntos al presidente Donald Trump. Quién lo dijera, hace un año parecía que no tendría mayor problema en lograr un segundo término, pues la economía, base de toda elección, marchaba boyante y nada parecía ensombrecerle.

2.

 Repentinamente, el horizonte se ensombreció. No en vano los griegos y romanos antiguos advertían sombríos que los dioses solían cegar a quienes deseaban perder, convertido después en el pecado capital de la soberbia como un grave defecto en los gobernantes. Trump empezó a cometer errores que le colocaron incluso en la ruta del Impeachment, el juicio de destitución, del que se libró gracias a la complicidad directa de los senadores republicanos, quienes en bloque rechazaron someterlo a juicio aún contra las evidencias de abuso de poder y utilización de prerrogativas presidenciales para presionar a Ucrania a investigar al hijo de Joe Biden, Hunter, buscando descarrilarle.

3.

 Entonces vino la pandemia, ese golpe letal al mundo iniciado misteriosamente en una lejana provincia china, cuando casi un año después aún no se sabe cómo es que pasó de murciélagos-herradura en aisladas cavernas de Yunan (el Himalaya chino) a un laboratorio de virología en la cercana Wuhan y luego de ahí infectar al planeta por vía aérea (los aeropuertos no fueron restringidos como sí lo fue toda la provincia). Qué importa, como ha documentado Bob Woodward en su libro más reciente, Rage (Ira, Simon&Schuster), Trump ignoró todas las advertencias y deliberadamente ordenó omitir los riesgos para seguir adelante en sus aspiraciones políticas por la reelección. 

4.

 Ahora se enfrenta al día del juicio final,  como en la democracia suele ser el día de las elecciones, cuando un político rinde cuentas ante los electores y éstos juzgan de manera severa los resultados. Sin duda gran maestro de las realidades alternativas y el manejo de la posverdad, en esta ocasión el peso de lo tangible, es decir, lo evidente, gravita necesariamente en contra; la economía está postrada, se prevé una caída del 6% en el PIB de este año; aún cunde el desempleo y el número de vidas perdidas sigue elevándose, acercándose a las 250 mil y casi cien mil nuevos contagios diarios. El mundo enfrenta un rebrote, ha tornado a confinarse nuevamente, en tanto que la vacuna o el tratamiento asequible aún no están disponibles, en lo que la OMS advierte será un invierno negro con quizá un millón de víctimas mortales adicionales. 

5.

 Continuidad o cambio, esa es la cuestión. La disputa final es por los votos electorales, aquellos que indirectamente constituyen la mayoría presidencial necesaria de 270. En nueve Estados sigue la batalla, pero aún aquellos emblemáticamente cambiantes, los números se inclinan por Biden. En Florida, con 55 votos electorales en juego, el demócrata aventaja con dos puntos, en tanto que Pennsylvania, con 20 votos, donde Trump ganó por escaso margen hace cuatro años, ahora la ventaja es para Biden por seis puntos. Similar camino están siguiendo los otros estados pendulares, como son Arizona, Carolina del Norte, Ohia, Iowa, Wisconsin, Michigan, inclusive Georgia, entidades que en conjunto significan 92 votos. Todo hace pensar que el cambio es inevitable, restando por ver cuánto más tendrá que pagar el Partido Republicano, que por ahora ostenta la mayoría senatorial y podría ser simplemente barrido. 

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