Ana Saldaña

En tiempos de incertidumbre como los que vivimos, parecería que la mejor línea de defensa que tenemos es estar informados. Sin embargo, cuando existe tanta información disponible no sólo en los periódicos, sino también circulando en chats y correos, es complejo saber si de verdad estamos informándonos o si solo estamos alimentando nuestro miedo.

He notado, que estoy consultando más frecuentemente mi celular. La información disponible es interminable. Hay chats que manejan información de una manera atemporal en las que la información me llega con días de diferencia, como noticias de último minuto, cuando la información y medidas cambian en un abrir y cerrar de ojos.

Pero entonces, ¿cómo enfrentar esta lluvia de información? Llega un momento en que tenemos que filtrar y desconectarnos. Es imprescindible decidir quienes son fuentes veraces creíbles y quienes de nuestros queridos familiares y amigos son expertos del reenvío. A los segundos hay que ignorar. Por ejemplo mi fuente esta limitada hoy en día a expertos, en mi caso, mi médico internista quien tiene especialidad en infectología y otra amiga viróloga que trabaja en un laboratorio de investigación. También leo publicaciones, pero siempre publicaciones que están avaladas por una institución, a la cual le tengo respeto.

A veces tienen que pasar cosas drásticas para darte concientizarte de hábitos personales que son muy evidentes, pero que están tan arraigados, que ya ni los registras. Hoy, la vida digital lleva mano sobre todo lo demás en mi vida. Continuamente estamos revisando nuestro teléfono, leyendo correos, consultando redes sociales y recibiendo todo tipo de notificaciones. Hoy también genera estrés innecesario.

No hay hora del día, ni espacio, en el que no estemos disponibles. Tan es así, que luego ni siquiera podemos sentarnos para comer, sin sacar nuestro teléfono y verlo de reojo. Hoy, checar tu correo mientras estás en el baño o durmiendo con tu celular cerca de tu cama es considerado normal. Todos usamos nuestro teléfono para mandar mensajes, correos, consultar internet y estar más “conectados”.

Desde antes de esta pandemia existen estudios que muestran que esta conectividad, tiene un impacto en nuestra salud. En un estudio realizado en la Universidad de Gothenburg en Suecia, encontraron que el uso intensivo de celulares impactaba nuestros patrones de sueño, así como nuestra salud mental e incluso su uso excesivo podía generar síntomas de depresión en tanto hombres como mujeres. ¿Será bueno en el largo plazo no tener siquiera un pequeño descanso, sobre todo cuando deberíamos estar reforzando nuestro sistema inmunológico durmiendo bien y cuidando nuestra salud mental?

¿Será necesario además del descanso físico, tomar una pausa mental y olvidarnos de la tecnología?

Ahora en lo que encontramos una nueva normalidad, considero que debemos darnos tiempo para liberarnos de nuestra continua necesidad de estar conectados y estar más presentes. Apaga tu celular, desconéctate. Ten esa fuerza de voluntad para priorizar tu vida sobre la digital. Olvídate de todo, dedícate a disfrutar de los placeres simples que ofrece la vida apagando siquiera un rato tu celular. Avócate a lo importante, a lo real, a lo que al final te llenará de energía positiva para vivir en este mundo de incertidumbre y poner tu granito de arena para tener claridad y estar listo para día con día vivir de la mejor manera posible.

Espero que tengas un buen fin de semana, y recuerda; ¡hay que buscar el sabor de la vida!

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