Foto: Cuartoscuro

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Redacción ejecentral

Eso del servilismo al presidente Andrés Manuel López Obrador ha llegado a niveles que trascienden la zalamería pública y la subordinación. Incluso, cruzando la línea de la ilegalidad.

Mucho se habla de deshonestidad dentro del gobierno que presume lo contrario, pero sin pruebas. En donde sí las hay, del uso de recursos públicos para beneficiar a la familia del presidente es con Francisco Garduño, su amigo, quien dirige el Instituto Nacional de Migración.

Don Francisco se echó la puntada ilegal de enviar regalos, lo que está en su derecho, pero con su tarjeta de comisionado de Migración, lo cual ya empieza a ser cuestionable en un régimen que presume todos los días la austeridad.

Pero donde don Francisco se pasó es en que los regalos son del chocolate orgánico “Rocío”, que es un negocio privado de José Ramón, Andrés y Gonzalo López Beltrán, los tres hijos mayores de don Andrés Manuel, hijos de su primer matrimonio.

Oséase que los contribuyentes mexicanos, ahora sí, todos, sin excluir a nadie, pagando impuestos para que una partecita vaya consolidando el negocio de los hijos del Presidente.

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