Compartir

Jose Luis Camacho

De no realizarse un periodo extraordinario, el que sería el sexto del actual trienio legislativo, ayer tuvo lugar la última sesión en que el Pleno de la Cámara de Diputados en su LXII Legislatura estuvo reunido. La nostalgia y la melancolía fueron los sentimientos que privaron en el ánimo de los casi 300 legisladores presentes en el salón de sesiones y quienes a lo largo de tres años cambiaron la fisionomía del marco jurídico que rige a todos quienes nos encontramos en suelo mexicano, para dotarlo de un nuevo rostro, uno acorde con el siglo XXI y con los nuevos problemas que aquejan a los mexicanos.

Abrazos y palabras de agradecimiento y de despedida tuvieron lugar a lo largo de la alfombra verde que cubre el recinto que albergó, desde el 1 de septiembre de 2012, a la legislatura que ha pasado a la historia como la más productiva, la más voluntariosa y la más comprometida con la Nación. Hasta el último minuto se discutió en tribuna proyectos de reforma de alto impacto para la sociedad y hasta el último momento se hizo gala de la pluralidad de ideas y de estilos que caracteriza a todo cuerpo parlamentario.

Rostros más serios, menos joviales que aquellos que veían asombrados el gran candelabro que iluminaba la sesión de Congreso General de aquel sábado 1 de septiembre de 2012, reflejaban las largas horas de trabajo, de paciencia y de convencimiento que implicó convivir con 500 personas provenientes de muy lejos y de muy cerca, unas de muy bajo y otras de muy alto, pero a final de cuentas todas representantes populares.

Rostros que reflejaban la satisfacción del conocimiento y de la experiencia adquirida, pero sobre todo el convencimiento de haber colaborado con un granito de arena en el incansable reloj que marca el juicio de la historia nacional.

De pronto, legisladoras que a lo largo de las reformas transformadoras se caracterizaron por discursos vehementes, encendidos y alarmistas, suavizaron la voz y los argumentos para expresar un sincero “Gracias”, agradecimiento cuyo destinatario no se encontraba en otras curules que entre las del PRI, en aquel líder parlamentario que en alguna ocasión durante el decenio panista su capacidad y efectividad le valió el mote de “vicepresidente de México”. Se trata de Manlio Fabio Beltrones.

Líder que ha sido capaz de doblegar con la fuerza de las palabras, de la razón y del entendimiento al más férreo contrincante, demostraba una vez más que no es con juegos de artificio ni con declaraciones llamativas pero carentes de sentido como se realiza ese difícil oficio del que todos hablamos pero pocos lo ponen en práctica plenamente, como lo es la política, sino con inteligencia, tacto y sobre todo, mucha discreción.

Hombre forjado en la cultura del esfuerzo, de la tenacidad y de la astucia, ha sabido llegar a entendimientos lo mismo con amarillos que con verdes, azules, rojos, turquesa o naranjas. A lo largo de su carrera legislativa ha convivido con muchos coordinadores parlamentarios, de quienes sólo se ha escuchado reconocer que Manlio Fabio Beltrones es un político de palabra, de entendimiento y de acuerdos.

Y una vez más lo demostró en la legislatura que está llegando a su fin. Y no lo digo yo, lo dicen los numerosos legisladores de diferentes partidos que subieron a tribuna a reconocer a uno de los artífices de los resultados estampados en el Diario Oficial de la Federación. Ahí está la versión estenográfica.

Por los Corrillos…

Fernanda Bayardo, candidata a diputada local del PRI-PVEM en la delegación Benito Juárez, reconoce que el desarrollo inmobiliario desordenado amenaza la sana convivencia de los vecinos de la demarcación y representa un obstáculo para contrarrestar la corrupción y opacidad que prevalece en el gobierno delegacional y capitalino, por lo que propone crear nuevos instrumentos jurídicos que estén al alcance de la ciudadanía y realmente la empoderen frente al poder del dinero y la negligencia gubernamental.

Compartir