Juan Antonio Le Clercq

Luego de un par de meses muy complicados para Theresa May, humillada por sus socios europeos y con varias derrotas consecutivas en la Cámara de los Comunes, al grado de verse obligada a postergar la discusión y votación programada originalmente en diciembre, finalmente, el martes pasado los miembros del parlamento votaron el acuerdo alcanzado con la Unión Europea para el Brexit.

El Parlamento, tal como se esperaba, ha rechazado el acuerdo negociado entre May y la Unión Europea con una votación de 432 contra 202, una paliza histórica. El mecanismo diseñado para evitar establecer una frontera dura entre las dos Irlandas, ha supuesto un obstáculo infranqueable para el ala más radical de los conservadores, los moderados y los laboristas, quienes temen la posibilidad de permanecer indefinidamente dentro de las reglas aduaneras de la Unión Europea. 

En esta historia interminable de verdades a medias, manipulación de sentimientos nacionales y mucha incompetencia política, se abre ahora una fase de emergencia. El reto para la Unión Europea y los liderazgos moderados en Reino Unido será evitar a toda costa el denominado Brexit duro y con ello un proceso marcado por la incertidumbre y escenarios de caos.

Lo único claro es que la derrota de May deja abierta la puerta a cualquier cosa, desde la ruptura sin acuerdo, la caída del gobierno, la suspensión de Brexit o una negociación de última hora que permita suavizar las consecuencias del desastre que se avecina.

El primer escenario es que los laboristas derroten a May a través de la moción de confianza presentada este miércoles (al momento de redactar esta columna estaba pendiente dicha votación). Sin embargo, nada garantiza que los conservadores pro Brexit quieran respaldar políticamente a Corbyn para tirar a May.  Tampoco es segura una convocatoria a elecciones generales. Lo que es más relevante, es que un nuevo primer ministro difícilmente tendrá fuerza, capacidad y credibilidad para reabrir las negociaciones con Europa, como ha llegado a sugerir Corbyn.

En este sentido, la Unión Europea ha señalado que reabrir las negociaciones no es opción y que en todo caso sólo es posible clarificar el alcance del acuerdo, especialmente en sus aspectos más polémicos. Habrá que ver si la Unión Europea se mantiene en firme ahora que el riesgo de un Brexit sin acuerdo parece inevitable. Una posibilidad es que esto los obligue a extender el proceso de negociación más allá del 29 de marzo, lo cual implicaría que la agenda europea seguiría secuestrada indefinidamente por la indecisión del Reino Unido.

Un segundo referéndum es una posibilidad lejana, por increíble que parezca. Los conservadores quieren honrar el primer referéndum, los ultras de Brexit prefieren la ruptura y, a pesar de que hay una mayoría laborista por permanecer en Europa, Corbyn en realidad está a favor de abandonar la Europa. Pocos quieren asumir la responsabilidad de convocar a un segundo referéndum para escuchar lo que ciudadanos tienen que decir.

Por lo pronto May está legalmente obligada a presentar un plan B al Parlamento los próximos días para definir el curso de acción de su gobierno luego de la derrota. Mientras que los líderes europeos ya han convocado a conversaciones de emergencia para encontrar alternativas y han pedido a los británicos clarificar sus intenciones.

A dos años y medio del referéndum sobre el Brexit, los representantes del Reino Unido han señalado que no quieren el modelo acordado entre Theresa May y la Unión Europea, pero han sido incapaces de dejar en claro qué es lo que quieren una vez abierta la caja de pandora. El tiempo de las negociaciones se ha agotado y todo parece enfilarse hacia una ruptura sin acuerdo que puede provocar turbulencias financieras comparables a la crisis de 2008. Vaya nivel de incompetencia e irresponsabilidad.

Compartir