Juan Antonio Le Clercq

Esta semana el IPCC publicó el primero de los tres reportes centrales correspondientes al AR6, documentos que sintetizan y evalúan los principales hallazgos sobre la investigación sobre cambio climático. Este año se presentó el reporte que resume el estado actual de la ciencia climática y sus efectos de retroalimentación en los ciclos y procesos del planeta y en 2022 se publicarán los reportes sobre mitigación de gases de efecto invernadero (GEI) e impactos, vulnerabilidad y adaptación. La última actualización, el denominado AR5, se realizó entre 2013 y 2014, justo en el contexto de las negociaciones que derivaron en la firma del Acuerdo de París.

Las conclusiones del primer reporte del AR6 pueden resumirse en tres mensajes clave: 1) los efectos del cambio climático ocurren en forma más acelerada y queda muy poco tiempo para evitar cambios irreversibles en el sistema climático; 2) la responsabilidad de las alteraciones en el funcionamiento de los ciclos y procesos del planeta y de los eventos climáticos extremos, radica en la acción humana, fundamentalmente en la explotación de hidrocarburos y la dinámica del sistema económico; 3) los países deben comprometerse a implementar acciones más drásticas para reducir las emisiones de GEI y para transformar los patrones no sustentables de extracción, producción, distribución y consumo. 

La atmósfera, el océano y la tierra han aumentado su temperatura y han producido cambios rápidos y sin precedentes en la atmósfera, el océano, la criosfera y la biosfera. Pero además la evidencia señala que estos cambios se relacionan con la ocurrencia de fenómenos meteorológicos y climáticos extremos en todas las regiones del mundo. La oleada de incendios forestales y golpes de calor que hemos observado en los últimos meses, no es producto de la casualidad. Cambios en el funcionamiento del planeta que por su magnitud serían irreversibles desde siglos hasta milenios.

El reporte advierte que la temperatura global seguirá aumentando inevitablemente hacia mediados de siglo bajo cualquier escenario de mitigación de GEI y es de esperar que la temperatura supere el umbral de los 1.5 °C a 2 °C, a menos de que se produzca una reducción drástica y sostenida de emisiones en las próximas décadas. De igual forma, es de esperar un impacto negativo en el ciclo del agua, en especial reducción de niveles de precipitación e incremento en la severidad de eventos húmedos y secos más drásticos. Con incrementos de temperatura cercanos a los 2 °C, cada región experimentaría cambios simultáneos y efectos de retroalimentación impredecibles y grados mucho más altos de riesgo y vulnerabilidad para las comunidades humanas. 

Los datos señalan en forma clara y contundente que estamos ante la última oportunidad para contener el aumento en la temperatura y evitar efectos catastróficos que involucran la destrucción de ecosistemas, la extinción masiva de especies y niveles impredecibles de vulnerabilidad para millones de seres humanos, muy especialmente en regiones marcadas por la pobreza y la desigualdad. La evidencia científica advierte que limitar el calentamiento global inducido por el hombre y sus consecuencias exige reducir drástica y rápidamente las emisiones acumuladas de CO2, hasta alcanzar un nivel de cero emisiones netas de CO2 en las próximas décadas, al igual que disminuir las emisiones de otros gases como metano y óxido nitroso. Esto pasa por una transformación profunda de los procesos económicos y el uso de recursos naturales.

Estamos parados ante el precipicio, enfrentando una amenaza más compleja que la pandemia misma y un escenario temporal cada vez más reducido para actuar. Lo que el AR6 nos presenta es una fotografía del Antropoceno, una nueva época geológica caracterizada por la alteración irreversible de los ciclos procesos naturales. La humanidad ha jugado a ser Dios sin tomar en cuenta que la destrucción de la naturaleza es irreversible en muchos casos y que, ante la magnitud de la degradación de los ecosistemas, las consecuencias son ya impredecibles. La gran pregunta es si existe la voluntad política para impulsar una transformación global sostenible, la experiencia de la pandemia nos advierte que más que tiempos de cooperación y responsabilidad, somos testigos de un sálvese quien pueda. Llegó el momento de dejar atrás la simulación climática y tomar decisiones radicales y urgentes para contener el impacto de las alteraciones en el sistema climático global. Actuar o enfrentar la catástrofe, ese es el nombre del juego. 

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