Juan Antonio Le Clercq

En menos de una semana tendrá lugar la elección presidencial en los Estados Unidos y, a pesar de que las encuestas nacionales otorgan una ventaja promedio de 9 puntos al candidato demócrata, Joe Biden, lo cierto es que en estos momentos no puede ignorarse un escenario en el que Donald Trump consiga reelegirse. 

Nueve puntos representan una ventaja muy significativa, irreversible en muchos países. Sin embargo, dadas las características específicas del sistema electoral estadounidense, es posible que quien gane el voto popular no necesariamente consiga llevarse la presidencia. El caso de Hillary Clinton representa el ejemplo más reciente. 

La clave está en un grupo de estados que, tal como ocurrió en 2016, pueden moverse hacia uno u otro lado de la contienda. Si algo dejó muy en claro Donald Trump en la elección anterior, fue su capacidad para leer el contexto político local y con ello arrancarle a Clinton prácticamente todos los estados “bisagra”. Aunque en esta ocasión el panorama luce mucho más complicado para el candidato republicano. 

En Michigan. Minnesota, Pensilvania y Wisconsin, estados clave para entender la victoria de Trump en 2016, Biden ha mantenido por varios meses una ventaja de al menos 5 puntos y solo una catástrofe mayúscula le arrebataría el triunfo al candidato demócrata.   

En estados como Arizona, Florida, Georgia, Iowa y Carolina del Norte, también ganados por Trump en 2016, la ventaja de Biden oscila entre 1 y 3 puntos, muy cerrado para pensar que las cosas ya tomaron un curso definitivo. Mientras que en Ohio y Texas, a menos de una semana de las elecciones, la ventaja de Trump se reduce a solo 1.5 puntos.

Lo primero que salta a la vista, es que Trump tiene problemas en demasiados estados ganados previamente. No es gratuito que diversos análisis señalen que la probabilidad de un triunfo republicano se reduce a alrededor de 13%. De igual forma, el presidente estadounidense tiene demasiados frentes abiertos que pueden afectar las preferencias del votante: una crisis económica muy profunda, promesas incumplidas en los estados clave, el incremento de contagios y defunciones por Covid, así como las consecuencias políticas y mediáticas de cuatro años de una gestión errática. 

La ventaja de Biden en los estados clave, sumada al hecho de que a estas alturas más de 60 millones de personas ya emitieron su voto, justo en el momento en que Biden gozaba de los niveles más altos en la intención de voto, hace pensar que veremos cifras de votación históricas que pueden terminar por castigar a los republicanos en la elección presidencial y para la conformación de ambas cámaras del Congreso. 

Tres preguntas adquieren una relevancia creciente: ¿Recurrirán los republicanos a algún golpe sucio de último momento como intento desesperado para conservar el poder? ¿Aceptará Trump la derrota o buscará revertir la voluntad popular a través de algún truco legal? ¿Representan las milicias de extrema derecha una amenaza para la estabilidad política en algunos estados en el contexto de una posible derrota de Trump?

El martes por la noche sabremos qué es lo que espera a los Estados Unidos en los próximos cuatro años. México deberá seguir con mucha atención los resultados y calibrar con cuidado las consecuencias del triunfo de uno u otro de los candidatos, pues esto determinará en gran medida el tono de nuestra relación bilateral en un contexto internacional incierto y lleno de turbulencias.

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