J. S Zolliker

Reporta el agente infiltrado Pedro Fonseca y Lima que llegó tarde para siquiera, intentar detener la balacera en las instalaciones de aquel partido político que identificó de inmediato, apenas reconoció en el libro “donado”, la estrofa del himno que había sido compuesta por un joven idealista que más tarde se convertiría en presidente del movimiento populista.

Reporta el agente Fonseca y Lima que le dolió el alma por su fracaso, por no tener un carro a su disposición para moverse o gente en quien poder confiar; cree que por algunos minutos y minucias, hubiese podido evitar el inútil derramamiento de sangre inocente. Siempre así sucede, se dice. Los poderosos, juegan a los dados con los que menos tienen. Para ellos, se trata de una cerilla más, una menos. Una vida más, una menos. Les da igual y ese pensamiento de conocimiento, le revolcó el estómago.

Reporta el agente Fonseca y Lima, que después de tales emociones, necesitaba descansar. Caminó un rato sin destino y de pronto, se encontró con un viejo sitio de comida española donde le gustaba comer a su antiguo jefe, ubicado al costado de la plaza de la república. Pidió mesa y le asignaron un lugar en la terraza, lo cual, por temas de pandemia, le sentaba bien. Comenzó a relajarse, reporta el agente Fonseca y Lima.

Le asignaron a un mesero con más arrugas que experiencia, lo cual le cayó de perlas, pues en ese momento, constata Fonseca y Lima, no necesitaba nadie que lo presionara para consumir lo más caro del lugar. Ángel, se llamaba. Por favor, una coca cola sin azúcar que traigo el estómago intranquilo, dice que le dijo el agente Fonseca y Lima. El veterano, le recomendó un remedio: para el buche incómodo, nada como como el “Punt e Mes”. Confirma Fonseca y Lima que se refería a un tipo de vermut poco comercial, que tiene, como su nombre lo indica, “punto y medio de amargor”. 

Reporta el agente Fonseca y Lima que la curiosa combinación de hierbas fermentadas, le resultó asentador y justo lo que necesitaba para relajarse. Se le abrió el apetito. La tarde estaba cayendo y la música, era instrumental. Si tiene mucha hambre, le recomendó Ángel, el lechón estilo Segovia es el platillo del día, aunque, le sugiero, le dijo con suma discreción, nunca en ningún lado, pida lo especial de la jornada porque es el inventario que está por podrirse. Reporta el agente Fonseca y Lima que mejor ordenó unas gambas de primer tiempo, y un cabrito a la Burgos de principal.  

Reporta el agente Fonseca y Lima, que conforme se hacía de noche, le comenzó a llamar la atención un edificio cercano. Desde la terraza podía observar, una luz parpadeante, entrecortada, incesante e incómoda; incansable. Algo había en ese destello intermitente que le ponía sobre alerta y le molestaba. Por ese corto circuito, deben gastar una fortuna en electricidad, le dijo a Ángel. La respuesta, le despertó su entrenado olfato policiaco: todos los días es exactamente igual y no pagan nada, patrón, son un edificio del gobierno.

Entonces, reporta Fonseca y Lima, comprendió la seriedad del asunto. Esos centelleos parpadeantes, eran claramente, un mensaje en clave morse. Desde un edificio del gobierno. Dirigido a sepa quién. Pidió una hoja de papel para apuntar. 

Continuará.

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