J. S Zolliker

Reporta el agente infiltrado Pedro Fonseca y Lima, que es adicto al chocolate amargo de Bélgica, aún por encima del café de Chiapas y de la rara cerveza obscura de Mexicali. Pero confiesa, nada como sus besos. ¡Qué besos!

Reporta el agente Fonseca y Lima, que se ha propuesto descifrar a como dé lugar, el mensaje que recibió, escrito en la cuenta de su consumo. Ha considerado recurrir incluso, a la ayuda de profesionales colegas: enigmáticos, semiólogos, expertos en simbología. Normalmente, le habría parecido una exageración, pero desde la muy extraña muerte de su madre, ha decidido no volver a tomar nada tan a la ligera. 

Reporta el agente Fonseca y Lima, que nunca imaginó disfrutar tanto, de la compañía de una persona. Comieron y charlaron. Y bebieron. Ella ordenó por ambos, un sotol de Anasazís y él, le confesó con cierta ingenuidad, que le gustaría retirarse de su labor policial, algún día lejano, en una finca en Chiapas donde pudiese beber café de grano a la taza y donde poder producir Pox artesanal. 

Reporta el agente Fonseca y Lima, que aunque se sintió ridículo planeando su futuro en voz alta, sin más santo que seña, ella pareció no juzgarle y aceptarle tal cuál, lo que le agradó demasiado. Especialmente, porque la sonata de Kreutzer en su primer movimiento, era la música que les amenizaba de fondo. Beethoven, había logrado, hacía siglos, plasmar de forma sempiterna y atemporal, un sentimiento que él, padecía en ese exacto momento: el enamoramiento vertiginoso y arrebatado; el vestigio de la mezcla letal del amor con temor, la combinación precisa de lo excitante con lo inmediato. 

Reporta el agente Fonseca y Lima, que aún a pesar de sus sentimientos desbordados, sus reflejos entrenados le advirtieron de un adyacente e incontrolable peligro. Presintió que algo no estaba bien, manifiesta. Desconoce si fue la ausencia repentina del personal del restaurante, o un llamado de atención del más allá, pero de pronto, se sintió con la necesidad y arrojo, de aventarla al suelo y protegerla con su propio cuerpo.

Reporta el agente Fonseca y Lima, que por fortuna, no les alcanzó ninguna bala ni una esquirla. Desconoce, si el ataque era dirigido contra su persona o si se trató de estar en un mal momento en un mal lugar, pero asume lo primero porque al querer partir del lugar, se dio cuenta que su auto, en el parabrisas, tenía una rosa negra, que quienes ya hayan acompañado al agente antes y hayan leído hasta este punto, sabrán su revelador referente y significado.

Reporta el agente Fonseca y Lima, que de nuevo, sintió un extraño escalofrío recorrerle la espina dorsal. En especial, porque junto a la distintiva flor, había una pequeña tarjeta blanca que decía “Con Cariño”. Mierda, la cosa se ha puesto seria, pensó. Lo que le preocupó de sobre manera, es que alguien supiera de su ubicación y destino sin siquiera haberle comentado a nadie sus planes. ¿Lo han estado siguiendo sin que se diese cuenta? ¿Sin que notase nada? ¿Quiénes? ¿Desde cuándo? 

¿Continuará?… 

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