J. S Zolliker

Reporta el agente infiltrado Pedro Fonseca y Lima que, tras la balacera, apenas abordaron el vehículo, él se precipitó para jalar el descansabrazos trasero, donde siempre oculta su arma favorita no registrada: una SIG Sauer P226 que le obsequiaron en un entrenamiento en California; una pistola muy confiable de 15 balas que queda amartillada después del primer tiro, lo que le parece fundamental para enfrentamientos donde la velocidad compra tiempo, no para repeler, sino para con suerte, poder escapar.  

Reporta el agente Fonseca y Lima que, normalmente, iría de inmediato al cuartel general para levantar un reporte y acompañar en la investigación (ningún sitio más seguro que aquél donde se acaba de cometer el atentado), pero al estar acompañado y con un temblor de piernas que no le era regular, dudó. Reporta entonces el agente Fonseca y Lima, que conduciendo y vigilante del retrovisor y alrededores, descartó al poco tiempo, irse para una de sus casas de seguridad, pues si algo le habían enseñado los años, era a no compartir jamás, con nadie, esas ubicaciones, menos, si corrían el riesgo de traer un rastreador encima. 

Reporta el agente Fonseca y Lima que, tras rumiarlo un poco, le sugirió a su bella acompañante, llevarla a su casa. Ahí estarás a salvo, dice que le dijo, asumiendo que el ataque, había sido contra él y que ella, nada debía de temer. Reporta el agente Fonseca y Lima, que le tomó por sorpresa la cantidad de improperios, imprecaciones y vulgares palabrotas que podían salir de una boca tan bonita y refinada. 

Reporta el agente Fonseca y Lima que, intentó convencerla de que acompañarlo, la pondría en peligro innecesario, y que solo se le ocurría largarse de la ciudad a pasar la noche en un viejo hotel en Cuernavaca, que alguna vez había sido una señorial hacienda, pero que contaba con muros gruesos y donde por conocer al dueño, un militar retirado, sabía que le recibirían a pesar del riesgo. Solo voy a atrincherarme y a beber hasta quedarme dormido o hasta que logre identificar la causa de lo ocurrido, reporta que le insistió infructuosamente, Fonseca y Lima. 

Reporta que, tal y como lo había esperado, después de llamarle desde un teléfono de calle, los recibió en el portón de la propiedad, ya armado y con varios acompañantes, el coronel Heberto, para quien alguna vez, Fonseca y Lima realizó trabajos de inteligencia. Con un abrazo seco y sincero y sin mediar palabras ni hacer preguntas, los guio hasta la última de las habitaciones, donde les esperaban un par de camas, un baño completo, una escopeta, algunas botellas y una línea de teléfono.

Reporta el agente Fonseca y Lima, que antes de despedirse el coronel Heberto, les ofreció con una sonrisa, pedir de comer lo que se les antojase y que en caso de necesitarle, llamaran al 009 o dispararan al aire. Ella le agradeció profusamente, él se fue directo a servirse medio vaso jaibolero de whisky que bebió de un jalón. El calor en el estómago, le quitó el temblor y le aclaró un poco la mente; siempre le ha bajado la tensión arterial. 

Reporta el agente Fonseca y Lima que, mientras ella se metió a bañar, él llamó a varios contactos e informantes, quienes quedaron en mandarle un mensaje de texto apenas supieran algo. Se sirve otro trago. Sabe de cierto, que no va a poder conciliar el sueño. 

¿Continuará?… A lo mejor, es mejor que mejor no. 

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