J. S Zolliker

Reporta el agente infiltrado Pedro Fonseca y Lima que detesta hacer uso de la fuerza y que la violencia, le parece un recurso primitivo para el ejercicio quirúrgico de inteligencia policial para el cual fue entrenado —y reconocido con honores— en las mejores instituciones de seguridad, nacionales e internacionales.

Reporta el agente Fonseca y Lima que, apenas pudo abandonar el Topaz blanco en un pre-convenido estacionamiento, se dirigió a las instalaciones del supuestamente extinto Centro de Investigación y Seguridad Nacional, para echar un ojo en su viejo archivo y averiguar todo lo que gobiernos previos tenían ya investigado sobre Andrés Salar. 

Reporta el agente Fonseca y Lima que le sorprendió la vasta cantidad de información que existía y a la vez, que estuviese tan inconexa y aparentemente descuidada. Según la carpeta, Andrés Salar había sido un valioso empleado de confianza del gobierno de una nación sudamericana, pero ninguno de los varios detectives que lo investigaron pudo jamás echar mano de su certificado de nacimiento. Al parecer, por diversas fuentes asentadas en las investigaciones posteriores, alguno de sus colaboradores habría confesado que se trataba en realidad, de un pseudónimo utilizado por un ciudadano español escurridizo y desconocido, originario de la comarca de la Gran Bilbao, en la provincia de Vizcaya.

Reporta el agente Fonseca y Lima que le extrañó mucho que, aún estando en los sótanos, recibiera por móvil, la indicación de su superior de llevarle el mismísimo expediente a su oficina, lo cual realizó con diligencia, además de comentarle al momento de hacerle entrega, que le daba la impresión de que, el documento había sido desmembrado a propósito. Su jefe, evidentemente molesto, se limitó a farfullar sobre que no metiera las narices en investigaciones ajenas teniendo tantos pendientes, y le cerró la puerta en las narices, sin darle tiempo siquiera de explicarle que él había llegado por su parte a esa pista en particular.

Reporta el agente Fonseca y Lima que el comportamiento, normalmente calmado y afable de su jefe, le supuso una breve contrariedad de conciencia, pero de pronto cayó en cuenta que Andrés Salar había sido funcionario del mismo gobierno, que el exministro de la presidencia del país sudamericano, acusado de robar dos botes de shampoo de un supermercado y que le habían ordenado investigar.

Reporta el agente Fonseca y Lima que, por instinto se encausó al domicilio del mentado exministro (por mera disciplina de investigador lo tenía apuntado en su libreta) y una vez afuera del inmueble, se detuvo a reflexionar sobre los pasos a dar, por lo que encendió un cigarrillo que no pudo disfrutar, pues después de la primera calada, lo tomó del brazo bruscamente un fornido y grueso monigote que, con inconfundible acento ruso, lo largó “antes de que te de por el poto, pinche indio”.

Reporta Fonseca y Lima, que detesta el uso de la fuerza y la violencia, pero que gozó de propinarle al soviético gorilón un seco puñetazo al riñón que lo cimbró, seguido de un veloz derechazo en la oreja cuando parecía boquear por ayuda o por aire. Reconoce, eso sí, que aquello, fue un error estratégico grave que lo complicó todo… 

Continuará. 

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