J. S Zolliker

Reporta el agente infiltrado Pedro Fonseca y Lima que, una regla que nunca le falla, es consumir en changarros donde hay mucha gente. Eso asegura que los comestibles sean frescos –al menos del día– y las salsas nuevas. Pocos se enferman, según él, de comer en lugares con muchos convidados; cognición callejera.

Reporta el agente Fonseca y Lima que, después del encierro y la cerveza de cortesía, le apeteció algo sólido y se detuvo en el puesto donde más gente observó haciendo fila. Su instinto fue reafirmado al observar que llegaban varias camionetas de escoltas quienes después de formarse, ordenaban para sus patrones y ellos aprovechaban el viaje para alimentarse. “Aquí, come el perro y el dueño, patrón”, le insistió un marchante cobrador, quien quizás, le notó la duda en el rostro.

 Reporta el agente Fonseca y Lima que el lugar se denominaba “Los Q’ñados”. Su especialidad, eran los tacos de suadero después de las nueve de la noche y los suyos, campechanos, los coronó con una picosísima salsa roja; asaz de levantar muertos. “¡Qué palabra tan desventurada para definir a los muslos de la vaca!”, pensó mientras devoraba su ración de seis y recordaba su misión y a la maldita flaca que le rompió el corazón. 

Reporta el agente Fonseca y Lima que, con el estómago lleno, comprendió que había dado con un un entramado internacional peligrosísimo, que lo vulneraba casi tanto como a su patria y como nunca habría imaginado. La conspiración, incluía a terroristas etarras y comunistas que habían pertenecido a la rancia izquierda de los setenta, ahora encumbrados en los puestos de poder más discretos, influyentes y recios.

Reporta el agente Fonseca y Lima que, Andrés Salar, era una figura por demás escurridiza, pero que el sentido común apuntaba a que su domicilio de seguridad de pernocta, para cuando necesitara refugiarse ante la intervención de un gobierno imperialista o un chiflado bravucón que golpeara guaruras rusos, sería el lugar menos investigado por las autoridades en turno.

Reporta el agente Fonseca y Lima que, después de meditarlo con la panza llena y otra cerveza, discernió que el cuarto poder sería ideal para un personaje como ese y revisando en internet sobre periodistas militantes, dio con los fundadores y gestores del diario de izquierdas nacional y coincidió que además, tales personas tenían fuertes nexos con la famosa socialista Euskadi Ta Askatasuna, con Cuba, Rusia, China y hasta habían participado como periodistas activistas de la guerrilla nicaragüense. Uno se había mudado a España con protección vasca y el otro, tenía aún algunas propiedades en la ciudad. Quizás en una de ellas pudiese dar con Andrés Salar.

Reporta el agente Fonseca y Lima que abordó un Uber y que, por el cubrebocas pandémico, se tardó en reconocer que ella era quien lo conducía. Fue el olor, su perfume, el que la delató. ¿Cómo diste conmigo?, le preguntó. ¿Interviniste mi teléfono? ¿Para quién trabajas?, la cuestionó antes de siquiera intentar someterla. Con desmesurada calma, la joven mujer le advirtió que no intentara nada radical, pues todo había sido meticulosamente planeado. “No te apures, no me interesa dañarte, un tigre nunca regresa por una presa que no terminó”, le aseveró.

Continuará…

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