J. S Zolliker

Reporta el agente Pedro Fonseca y Lima, que lo despertó el teléfono ya algo entrada la tarde del último jueves del mes. Las semanas previas, había estado de encubierto en un grupo de asaltantes que robaban viviendas de pacientes internados en hospitales a causa de la pandemia; banda a la cual, por cierto, desmembró con éxito y albricias de sus superiores.  

Reporta el agente Fonseca y Lima que le pareció una tarea de poca monta, que le ordenaran presentarse en la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, porque un personaje extranjero y de nombre peculiar, había sido detenido por robar unas botellas de shampoo en un supermercado al sur de la entidad, motivo por el cual, volvió a meterse a la cama para seguir descansando. A los cincuenta minutos, más, menos, en estado de semi vigilia, reporta el agente Fonseca y Lima, fue que su cerebro registró que ese nombre, era el de un exministro de la presidencia de la república de un país sudamericano, motivo por el cual se levantó con velocidad y se metió a darse un regaderazo.

Reporta el agente Fonseca y Lima que, en el camino, pensó que lo más probable sería que el indiciado, quizás por la edad o distracción o problemas de memoria, se haya olvidado de realizar el pago de los menos de ochenta pesos que el jabón líquido para el cabello costaba, por lo que se cuestionó severamente, de los motivos que llevaron al director mismo a que le indicara atender el caso con la mayor de las atenciones y discreciones. 

Reporta el agente Fonseca y Lima que cuando llegó al ministerio público, alcanzó a ver que el susodicho se marchaba en un auto lujoso, por lo que averiguó con compañeros policías, que había sido liberado con el mandato ulterior de solamente abrírsele un expediente por robo sin detenido. De inmediato, reporta el agente Fonseca y Lima, su amplia experiencia siendo víctima del influyentismo, le indicó que algo en todo aquello era sumamente anormal, por lo que en lugar de retirarse, decidió continuar con los interrogatorios.

Reporta el agente Fonseca y Lima que los testigos revelaron que el otrora político cercano a un dictador, llegó con prisa y con cierto aire majadero empujó un carro azul del autoservicio, según consta en declaraciones y en el video de seguridad de la tienda, por lo cual, llamó la atención del personal de seguridad, quienes lo siguieron y lo observaron tomar un par de botellas de champú de dama, para luego buscar entre su vestimenta la cartera, y al no encontrarla, ocultarlos dentro su roja chamarra para salir del establecimiento a toda velocidad, por lo que fue detenido en el exterior y puesto a disposición de las autoridades.

Reporta el agente Fonseca y Lima que el representante legal del supermercado presentó la denuncia formal y se retiró del lugar, aunque dicen, se mostró comprensivo porque el político se disculpó por tener prisa en llevarle los artículos a su esposa que se encontraba en un apuro por recibir visitas para la cena. ¿En verdad habría aquel arriesgado la libertad, la reputación y hasta la posibilidad de ser deportado por robar una mercancía tan barata por un capricho femenino? ¿Mandilón? ¿Por qué no volver después por el producto? ¿Flojera? ¿Le gustaba la adrenalina? ¿Sabía que podía salirse con la suya?, reporta que meditó por un buen rato el agente Fonseca y Lima, hasta que por fin le llegó un chispazo de genialidad: ¿Y dónde quedaron los botes de shampoo y su contenido? 

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