J. S Zolliker

Aquí está ya, la crisis de salud anunciada. Era cuestión de tiempo. Ya muchos sabemos exactamente lo que viene en términos de salubridad y de la mortalidad que el Covid–19 tendrá en México (en el momento de plasmar estas líneas, martes último de marzo del 2020, sabemos por ejemplo, que no tardarán las medidas para bloquear lugares de alto contagio como hoteles recreativos, centros comerciales e, incluso, para limitar los horarios y destinos del transporte colectivo). Lo que dominará las noticias en semanas por venir será la crónica del colapso del sistema de salud y la enorme cantidad de muertos y contagios. En ese aspecto sólo nos queda la certeza de que mañana estaremos peor que hoy. Y de que así será por un rato. Esto, no es lo importante de esta columna.

La economía mundial será fuertemente afectada. La de México, algo más. El gobierno que no tuvo la voluntad para frenar la pandemia cuando había tiempo, no tiene la voluntad para tapar el barril sin fondo de Pemex ni para suspender las inútiles obras de la refinería de Dos bocas o del aeropuerto de Santa Lucía para invertirle a rescatar a las micro y pequeñas empresas mexicanas, que son las creadoras de riqueza balanceada, de empleos y hasta de los ingresos del mismo Estado. Tampoco eso es lo importante de estos párrafos.

Creo que esta será la crisis económica más severa que vaya a superar nuestra generación. Leyó bien. En esta oración está la parte más importante de este texto. No plasmé la crisis más severa que vayamos “a vivir o enfrentar”. Escribí “superar”. Y lo vamos a hacer los ciudadanos solos, con creatividad, talento, trabajo fuerte e inteligente, y sobre todo, con nuestra distintiva solidaridad. 

Desde los changarros más simples hasta los más sofisticados estudios de decoración, lo que importa será tener bien puesta la camiseta y los ojos bien abiertos. Importan, las deferencias que tengamos con nuestros clientes y proveedores, a quienes nos rentan y a quienes rentamos. Importan esos negocios donde los emprendedores de verdad, los empresarios en serio, la gente trabajadora de sin excusas siguen adelante sin conformarse. Esos lugares donde en vez de despedir a algunos, entre todos aceptamos un ingreso menor para llegar más lejos. Lo importante será esa gente que no se raja nunca. Quienes no lo ven todo como una pérdida, sino como una reinversión. Los que se atreven no sólo a corregir el rumbo, sino hasta a dar un paso hacia atrás para encarrerarse. Ellos son la solución. Son el mañana. 

Importan más que nunca las personas y empresas que tienen o están desde ya generando visión y que están por comenzar a imaginar los siguientes pasos, las conversiones necesarias, la siguiente ficha del dominó o el movimiento del ajedrez, las aplicaciones por inventarse y los productos y servicios para nuevos estilos de vida y nuevas realidades… ¿Quién se acuerda de esos “necios” que hace un par de años hablaban de servicios de llevarlo todo a domicilio? ¿Qué tal si esa gente, esos negocios gracias a los cuales sobrevivimos en cuarentena se hubiesen conformado cuando les decían que su negocio se miraba lerdo? Este es el fruto del Covid-19: aprender a superar.

No será fácil, es cierto, pero el mal tiempo pasará. Dejará carencias, pero esas serán necesidades buscando quién las cubra y satisfaga de maneras que hace unos meses quizás ni existían en la mente de nadie. 

Formas más eficientes. Nuevas perspectivas. Renovadas vigencias y vigores. El cambio deberá ser la constante. Lo fijo deberá ser mantenernos variables. Entonces, superaremos. No me cabe la menor duda de ello. 

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