J. S Zolliker

Lo que sabemos con cierta certeza sobre el #COVID–19, es que antes de presentar síntomas (hasta por dos semanas), la gente infectada puede estar contagiando a otros. Y que de los poco más de 48 mil pacientes a nivel mundial, el 85% presenta síntomas leves y los casos graves y/o críticos, rondan el 15% restante. Esos, son los pacientes que tienen que ser hospitalizados y muchos necesitarán de terapia intensiva y algunos, mantenidos en coma inducido y con ayuda de equipos de ventilación mecánica (respiración artificial).

Así, pues, lo que podemos concluir con bastante certeza, es que el problema del Covid19, no radica en su tasa de mortalidad (a diferencia del virus de Marburg, que tiene una letalidad hasta del 80%), sino en una combinación de factores como la alta tasa de contagio (al MERS le ha tomado 7 años infectar a 2 mil personas, mientras al COVID19 le tomó solo unas semanas) y los limitantes materiales que tenemos, pues en el peor de los escenarios, puede colapsar del sistema de salud (por eso, varios países están reaccionado fuertemente contra la epidemia).

 Cualquiera que haya tenido que pasar por urgencias de un hospital público, podrá constatar que estamos desde hace tiempo, sobrepasados y con recursos públicos insuficientes y recortados en pro de un equivocado ahorro. También, que tenemos muy pocas camas disponibles para hospitalización y que estamos pésimo para tratar a pacientes críticos, pues mientras en los Estados Unidos hay cerca de 200 mil camas de terapia intensiva, en todo México (entre hospitales públicos y privados), tenemos menos de 5 mil y esas pocas, están casi todas ocupadas por pacientes que sufrieron traumas severos en algún accidente, por infartos, pacientes con insuficiencia renal, síndrome metabólico, postquirúrgicos y etc. 

Preocuparía por ejemplo, que el 1% de la población de la ciudad de México (22 millones) se enfermase al mismo tiempo (220 mil), pues no hay cómo atenderlos y ello podría llevar a que se dejaran de atender también, a los pacientes de “urgencias normales”, como personas con crisis hipertensivas, infecciones bacterianas y hasta las apendicitis… 

El gobierno debe invertir serios recursos para aumentar la capacidad de hospitalización de pacientes con COVID–19 y también de camas y médicos y equipos de terapia intensiva y ventiladores mecánicos. Debería planear utilizar centros de convenciones y rentar hoteles solo para infectados del #COVID19. Asimismo, deberá aumentar las reservas de medicamentos y crear campañas de prevención de contagios, insistiéndole a la gente que, de presentar síntomas leves, NO salgan de su casa ni para ir trabajar ni vayan al médico si no tienen complicaciones respiratorias. Y para minimizar el impacto económico, es necesario que las empresas vayan contemplando que mucho de su personal puediera necesitar trabajar desde casa. 

Las personas con más riesgo y que debieran ser en extremo cuidadosas, son las inmunosuprimidas como pacientes con cáncer (que tienen que recibir quimios en hospitales corriendo riesgo de infección cruzada), con VIH, lupus, problemas cardiacos crónicos, EPOC, Enfisema, así como personas mayores de 60 años de edad. 

Lo más importante es ser ecuánimes: ni caer en pánico, ni subestimar el problema. Las decisiones que se tendrán que hacer sobre cancelar congresos, campañas políticas, conciertos, eventos masivos y viajes, serán fundamentales en próximos días. Nuestro gobierno ha tenido 3 meses de anticipación para prepararse. ¿Están aún a tiempo de contener y atender una crisis o se nos avecina la tormenta perfecta? En no mucho tiempo, habremos de comprobarlo.

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