J. S Zolliker

No soporto el dolor de espalda. Nunca imaginé que envejecer, significaría acostumbrarse a vivir con un sufrimiento constante en la nuca. Me cuesta agacharme, no puedo girar bien el cuerpo ni para levantarme de la cama y a veces, el tormento es tal, que se me irradia hasta la nalga y me afecta en el andar. Cuando eso me sucede, cojeo un poco y para mi mala fortuna, me han dicho mis asesores que verme más anciano, favorece mi imagen: me imaginan más sabio y justo.

Siempre me imaginé que sería un anciano robusto, fuerte, energético, como Santiago, en el Viejo y el mar, de Hemingway, un personaje de edad avanzada cuyo estado físico era tan apto, que le permitió pescar el más grande marlín después de tres días de esfuerzos inimaginables. Pero no, ahora el cuerpo parece fallarme antes de tiempo y peor, la gente me quiere ver como el pinche anciano de la aldea. Es verdad que me gusta la veneración que las canas me brindan, pero no por eso quiere decir que me guste padecerme. 

Quizás, en parte por eso, es que me encuentro tan melancólico e irritable, a pesar de que llueve (que me calma) y que estoy disfrutando enormemente, el libro que estoy leyendo (a escondidas pues no me gusta que me vean disfrutando de novelitas románticocapitalistas): se trata del hijo de un indio fuerte, pragmático y culto, que mata a los culpables de separarlo de su estado de paz. A él, como a mi, le gusta mantenerse sereno y ay-de-aquel-que-lo-logre-sacar-de-quicio. 

No es que yo sea terco. Es que yo sé lo importante que es para la gente, armar una buena fiesta del grito de independencia. Esa es la fiesta patria. La fiesta de México. La celebración de nuestra nación. Lo noté el día del presidente: la mayoría anda triste y necesitan del ejemplo para estar mejor. Con humildad, pero con buenos ánimos de celebrar… pero así, rapidito, me salen con que no conviene por los contagios, que no es época de fiestas, que me van a criticar en el extranjero, que las inversiones y que las elecciones, que pongo en riesgo mi herencia política y el proyecto de transformación y quien sabe cuantas cosas más. 

Está bien, voy a ceder, para que vean que soy racional y que sé dominar mis pasiones, pero sigo sin estar de acuerdo y lo voy a dejar por escrito para que futuras generaciones miren que hay que pensar en el bien del pueblo, ante todo y antes de todos, incluidos los que somos siervos de la nación. Las futuras generaciones habrán de verlo y reconocerlo.

Lo que me tiene casi sulfurado, es que me digan ya corriendo la séptima entrada y con dos strikes, que hay cientos de videos de gente mía, tan cercana como es posible, recibiendo dinero de fuentes desconocidas para la campaña. A mi que no me quieran controlar así, porque soy capaz de prenderle fuego a todo, ¿eh? Yo nunca he sido gente que anhele la riqueza material, yo nunca he querido acumular, para mi el dinero es apenas una de tantas herramientas que te permiten hacer las cosas, llevarlas a cabo y nada más. 

Ya hablé con los míos. Esto hay que detenerlo a como dé lugar. No vamos a pasar a la historia como los otros. Hay que hacer que se fijen todos en la gente y juzguen, porque hay gente buena, hay gente mala. Y a la gente mala, no hay que darles nunca la espalda ni la razón (aunque la tengan). Me canso, ganso, canijo dolor de espalda. 

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