Un nuevo segmento de jóvenes profesionistas está marginado de las posibilidades de realización profesional y de la movilidad social que les ofreció…la educación privada.
En los años sesenta especialmente, emergieron instituciones cuyas mensualidades se hallan hoy entre los 13 y los 18 mil pesos, creadas para diferenciarse de la educación dada en las universidades públicas, formadora de los cuadros del partidazo hegemónico hasta el 2000.
Esas iniciativas docentes fueron pensadas para aquellos padres interesados en asegurar a sus hijos un futuro a partir tanto de la educación como de “valores”, de una constancia, por supervisión y calidad, que podía ser percibida como superior a la ofrecida por las universidades públicas.
De carácter religioso o laico esas escuelas han fomentado un optimismo respecto de la realidad del país que únicamente podrá ser vencido por la medianía de la inserción de sus egresados en un mercado que ha cerrado posibilidades incluso para esos jóvenes.
La formación derivada del acompañamiento de los hijos de familias de clase media estable que podrían reproducir una visión del mundo más liberal que crítica, tan pragmática como ética y con una mayor probabilidad de inserción exitosa en el mercado laboral, convirtió a esas universidades en reclutadoras de los nuevos cuadros de gobierno en desplazamiento de procedencias universitarias tradicionales.
Sin embargo, en los últimos diez años la saturación del mercado laboral extendió a los segmentos más acomodados las restricciones que antes eran vistas como propias de los profesionales egresados de universidades públicas: bajos salarios, empleo inestable sin prestaciones o abierto desempleo.
El día de hoy el único aprendizaje seguro respecto del mercado laboral para universitarios es que el salario puede ser menor que la mensualidad pagada por los padres ante la inmensa oferta que ha obligado a muchos egresados de escuelas privadas a buscar trabajo…en la política y en el gobierno donde los salarios son más altos si se trata de mando superiores y, paradójicamente, donde los controles de calidad pueden ser menores que en el aula.