Alejandro Alemán

En su texto El Nuevo Mexican Dream (Confabulario, El Universal, octubre 26, 2013), el periodista y crítico de cine Mauricio Lara, hace una disección exacta sobre los subtextos de No se aceptan devoluciones, la ópera prima de Eugenio Derbez que fue todo un fenómeno de recaudación con más de 100 millones de dólares en su exhibición global.

En aquel texto, Lara expone a la cinta como heredera de la cosmovisión telenovelera de “lo mexicano”, donde sus personajes no se definen por sus profesiones sino por la dualidad entre ricos (seres usualmente perversos) y pobres (pero honrados).

Así, Valentín (Derbez) es un gigoló al que se le acaba la fiesta cuando una antigua amante llega con una bebé en brazos y le explica que se trata de su hija, para luego abandonarlos a ambos. Desesperado, Valentín cruza la frontera hacia Los Ángeles en busca de la mamá de la cría. Sin éxito, decide tomar un trabajo como doble de acción para dedicarse a la difícil tarea de ser padre.

¿Pero, qué pasa si a esta historia se le despoja de todos estos atavismos, gratuidades y hasta un poco de la cursilería? El resultado es Demain tout commence (Mañana todo comienza, titulada en México como Dos son familia) ópera prima del francés Hugo Gélin y que no es sino un remake de la cinta del comediante mexicano.

Esta nueva versión respeta en lo general la historia original, pero erradica casi en su totalidad el “toque Derbez”, dejando una comedia ligera, sin moralejas ni guiños televisivos, donde el statu quo no le arrebatará a la niña (la sucia juez, la mala maestra, la perversa madre), sino que será la mentira (hacerle creer a la niña que su madre no la abandonó), lo que desatará la batalla legal por su custodia.

›Lo que en una cinta era una virtud casi tierna, aquí es una falta de castigo. El estatus económico de los personajes no es tema; no hay pobres ni ricos, sólo trabajadores.

Omar Sy hace un trabajo ameno y convincente, sin los despliegues explosivos de Derbez y con una evidente habilidad para pasar del humor al drama sin caer en el chiste involuntario.

Esta versión de Derbez sin Derbez hace aún más evidente el vicio telenovelero de su cine, así como su visión tercermundista sobre el mundo.

La francesa es, sin duda, una mejor película, empero -y eso es algo que sabe Derbez- una versión libre de atavismos no hubiera sido, ni por equivocación, tan exitosa como la cinta original.

@elsalonrojo

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