Alejandro Alemán

Green Book, el decimotercer largometraje del norteamericano Peter Farrelly (primero sin hacer dupla con su hermano Bobby), es del tipo de película que busca remover conciencias, aunque para ello recurra a una tersa almohada de plumas. Green Book aborda temas importantes y escabrosos (el racismo), pero con la firme convicción de no molestar a nadie.

Esto no deja de ser extraño (por decir lo menos) siendo que los hermanos Farrelly son provocadores profesionales, cuyo cine de comedia hacía gala de “mal gusto” con chistes escatológicos, humor guarro y desparpajado que en su momento provocó no pocas quejas por lo vulgar de su comedia (Loco por Mary, Una Pareja de Idiotas, Amor Ciego, entre otras). Los tiempos cambian, “la gente evoluciona”, me dirán, pero ¿soy yo o Green Book parece un paso hacia atrás?

Nueva York. Década de los 60. Tony Lipp (extraordinario Viggo Mortensen) es el clásico estereotipo del italoamericano: parlanchín, bueno con los puños, de no buenos modales y sí, un poco racista. Tony es contratado por su opuesto perfecto, el afroamericano Don Shirley (Mahershala Ali en sorprendente tono de parquedad cómica), un afamado, elegante, sofisticado y culto pianista de jazz. Tony acepta ser el chofer del músico en una gira donde prácticamente recorrerán todo Estados Unidos en plena era de la segregación racial, lo cual implica usar el infame Green Book, una suerte de Guía Roji, donde se listan los hoteles que no tenían problema en recibir gente de color.

Estamos frente a un peculiar road movie en el que el hombre blanco pedestre va al volante, mientras que el culto y refinado genio musical va en el asiento de atrás, para asombro de propios y extraños.

La fórmula es predecible: el callejero Tony poco a poco le irá enseñando a su jefe sobre los placeres mundanos como la música de Little Richard y el gusto por el pollo frito, mientras que el refinado Doc intenta educar a esa buena bestia que es Tony. La cosa sería deleznable a no ser que Farrelly —haciendo gala como director de actores— tiene en la dupla Mortensen-Ali a un inesperado tándem cómico que hace irresistiblemente divertida esta cinta.

Una película con tema social que no genera discusión más allá del estacionamiento. Vamos, hasta Loco Por Mary sigue siendo molesta en ciertos círculos. ¿Es evolución dejar atrás la provocación para entregarte a la vil complacencia? Green Book tiene fuertes posibilidades de ganar el Oscar a mejor película. Nadie se llame a sorpresa, al fin y al cabo no sería la primera vez que se premia a la cinta más tersa, inocua, pero definitivamente divertida.

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