Alejandro Alemán

Rumbo al final de la película Hazlo Como Hombre —noveno largometraje del director chileno Nicolás López— el nuevo novio de Santiago, causante directo de que el treintañero saliera finalmente del clóset, le espeta esta frase lapidaria: “Eres demasiado gay para ser hetero y demasiado hetero para ser gay”.

Una construcción similar podríamos usar para describir esta película: es demasiado tonta para ser comedia y demasiado conservadora para considerarse progresista. Y es que, en el periplo de este grupo de amigos donde el machista e intolerante Raúl (Mauricio Ochmann) monta en crisis al enterarse que su mejor amigo de la vida, Santiago (Alfonso Dosal) es gay y está enamorado de un hombre, el guión (escrito a cuatro manos por Guillermo Amoedo y el propio director) evita hacer de Santiago un chico amanerado y débil. Al contrario, el personaje es el menos estrafalario (y mejor interpretado) de todos los que se ven en pantalla.

El problema es que la visión que traza sobre la homosexualidad no es sino otro cliché: el del gay de gimnasio, cuerpo perfecto, hípster e influencer y además, promiscuo. Aquel cuyas fiestas suceden en albercas o en antros que son una versión fresa del Marrakech (famoso antro gay de la CDMX).

El segundo gran problema (endémico en el cine mexicano) es que la “comedia” se basa en la actitud pueril de los personajes, que se comportan cual preparatorianos calenturientos a pesar de ser adultos de treinta y tantos años, casados y a punto de ser padres. Así, el “humor” pende de las rabietas infantiloides de Raúl al no aceptar que su amigo le da sus besotes a un afamado chef gay (otro cliché).

La cinta se permite hablar de sexo (particularmente de sexo anal y estimulación prostática) no porque exista una auténtica voluntad de abrirse a los temas sexuales, sino porque la mención del “culo”, “el pajarito”, entre otras, evoca la risa fácil. Si esta comedia hubiera sucedido en la preparatoria, los diálogos e incluso la sobreactuación (abundante casi en todos los actores, principalmente en Aislinn Derbez) tendrían algo de sentido. Filmada con la precariedad de un programa de televisión de la vieja guardia (horrible música, escenarios pobres, nula imaginación en los encuadres), la cinta guarda lo mejor para el final donde, ya redimidos, los tres amigos hacen mofa de un “retrasado mental”. Y es que, alabado sea el Señor, en la escala de nuestra idiosincrasia intolerante, siempre habrá alguien abajo de quién burlarnos. Qué progresistas.

@elsalonrojo

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