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Alejandro Alemán

Alejandro Alemán

A mitad de la década de los noventa, el periodista y productor Epigmenio Ibarra, revolucionó uno de los géneros más poderosos y de mayor tradición en la televisión mexicana: la telenovela.

Con Mirada de Mujer y Nada Personal, la telenovela en México se atrevió a tocar temas polémicos (los recientes asesinatos políticos, el sexo promiscuo, la corrupción del gobierno, la mujer empoderada) que usualmente estaban vetados de la televisión nacional. Ibarra hizo de la telenovela un género que se anclaba en la realidad para contradecir su espíritu escapista.

Veinte años más tarde, Epigmenio Ibarra lo vuelve a intentar —ahora bajo el cobijo de Netflix —con su nueva serie, Ingobernable, donde la primera dama de México, Emilia Urquiza (Kate del Castillo), es acusada del asesinato del presidente de México, Diego Nava (Erik Hayser, con obvio parecido a Enrique Peña Nieto), quien la noche en que ambos discuten, es lanzado del décimo piso de un hotel de la Ciudad de México.

Lo que hace algunas décadas pudo parecer osado e inimaginable en la televisión, hoy es básicamente un chiste. Matar al presidente, hacer a Kate del Castillo una primera dama luchona, dibujar a Tepito como una cuna de hackers y revestir todo esto con un trasfondo de “realidad nacional” es tan facilón como inútil.

Sólo un ingenuo podría calificar de valiente y osado a esta serie que, más allá de tener altos valores de producción, no deja de ser una ficción bastante pobre y básica sobre el manejo del poder en México.

Con diálogos acartonados, actuaciones desangeladas, gran variedad de lugares comunes y una historia que no descubre el hilo negro (¿para alguien es sorpresa enterarse que el gobierno es corrupto?), Ingobernable se instala en el terreno más tradicional de la telenovela e incluso ahí lo hace mal, al no saber explotar las posibilidades de una Kate del Castillo, quien anteriormente había hecho a una fugitiva mucho más convincente e interesante en la narcoserie La Reina del Sur.

Mucho se especuló sobre si este producto sería el vehículo de golpeteo de Epigmenio Ibarra (cuya inclinación hacia la izquierda es bien conocida) rumbo al 2018, pero hasta en ese terreno se muestra tibio y deficiente: las menciones que hace a la tragedia de Ayotzinapa no sólo son timoratas (aquí no son 43, son 39), sino que rayan en la banalización del tema.

Ingobernable es, pues, un fracaso en todos los frentes: una pésima serie, una mala novela y un panfleto que habla con los convencidos. Los demás se quedarán a medio camino y pondrán cualquier otra cosa del amplio catálogo de Netflix. Bien por ellos.

Ingeniero, locutor y crítico de cine con más de 10 años de experiencia profesional.

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