Alejandro Alemán

Una de las figuras icónicas en el imaginario colectivo del terror es el payaso Pennywise, interpretado originalmente por el actor Tim Curry en la miniserie para televisión IT (1990), basada en la novela homónima de Stephen King. Al ser un producto televisivo, los productores tuvieron que deshacerse del gore de la historia original y permitieron que el payaso fuera auténticamente tenebroso. Vaya que lo lograron. Es por ello que, 27 años después, su nueva versión levantó tantas dudas.

Y es que el nuevo Pennywise (Bill Skarsgård) presumía una estética que hacía demasiado obvia su naturaleza diabólica. Poco había, pues, de la aterradora seducción de Tim Curry.

Contra todo pronóstico, esta nueva versión de IT es sumamente superior a la original excepto en un punto: ni Skarsgård, ni el director Andy Muschietti (de origen argentino), intentan emular al payaso interpretado por Curry, al contrario, plagado de efectos por computadora, el nuevo Pennywise no es precisamente la mayor amenaza para el grupo de niños autonombrados como El Club de los Perdedores.

Los guionistas Cary Fukunaga, Chase Palmer y Gary Dauberman, se preocupan más por contar una historia coming of age, ambientado en los 80, donde estos pequeños perderán la inocencia en más de un modo: no sólo tendrán que combatir sus miedos más arraigados sino que además se enfrentarán al deseo en forma de su guapa compañera Beverly (Sophia Lillis), a la mezquindad de los adultos en la forma de sus terribles padres (desde la madre sobreprotectora hasta el padre que agrede sexualmente a su hija), así como a los bullys de la escuela que los golpean un día sí y otro también. El payaso es lo de menos, estos pobres niños se ven de frente y de inmediato con una adultez forzada.

“Deberíamos de estar disfrutando el verano”. Justo en la dinámica de estos niños es que la película encuentra sus momentos más logrados, cuando, sin pudor, se hacen evidentes las trazas de A Nightmare on Elm Street (1984), Goonies (1985), Stand by me (1986) y hasta de Stranger things, la serie de Netflix donde, además, uno de los actores (Finn Wolfhard) aparece en ambas. En el terreno del horror no hay sorpresa alguna: múltiples jump scares, mucho CGI, pocas escenas efectivamente terroríficas más allá de la obviedad de ciertas situaciones

El verdadero infierno no está en los entes paranormales, está en los padres, en la escuela y en esa pequeña ciudad que se adivina cuna de conservadurismo. El peor de los horrores para este grupo de niños vendrá cuando sean ellos los adultos de este american dream de terror.

@elsalonrojo

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