Alejandro Alemán

Una de las razones por las que Stephen King dice odiar la adaptación al cine que hizo Stanley Kubrick a The Shining (una de sus novelas más famosas) es que: “se trata de una película muy fría (…) parece que estamos viendo a los personajes cual si fueran hormigas en el hormiguero”.

Si esto es cierto, entonces el señor King tendría que tundir con la misma intensidad al danés Nikolaj Arcel, director de la adaptación a cine de The Dark Tower, una serie de siete libros que a su vez fungen como “universo”, al hacer referencia a otras obras seminales del autor, como The Shining o IT.

Y es que la descripción que hace King sobre el trabajo de Kubrick delinea con exactitud el trabajo de Arcel: su cinta es fría, demasiado cautelosa, sumamente derivativa con personajes fascinantes, pero lejanos. 

La cinta es un elegante destilado de siete tomos que a pesar de ello funciona al menos como entretenimiento de fin de semana. Lo anterior podría ser un halago para una cinta veraniega promedio, pero tratándose de una obra de Stephen King, el resultado raya en lo decepcionante.

La cinta es una extraña mezcla entre un western con Lord of the Rings. Tenemos a un justiciero tipo Clint Eastwood, interpretado por Idris Elba; luego está su némesis, un hechicero elegantemente vestido de negro en el papel de Matthew McConaughey. Ambos habitan en una especie de tierra media del terror donde una enorme torre oscura mantiene a los universos en orden.

Finalmente, otro arquetipo, un niño llamado Jake (Tom Taylor), con poderes psíquicos aumentados, aquello que en el mundo de Stephen King se llama “the shine”.

Sin tomar riesgo alguno, Nikolaj Arcel entrega un A-B-C del cine veraniego. Todo lo que supones va a pasar sucede. Todos los personajes son arquetípicos, todas las escenas de acción están bien armadas, todo este mundo es interesante, filmado con estilo y puntualidad. Aunque se agradece la aparente facilidad con la que resumieron siete volúmenes en casi 90 minutos, nos queda claro que aún hay mucho que contar.

En todo caso, prefiero esta frialdad, este cálculo matemático, esta cinta planeada con escuadra, esta especie de estudio de mercado para saber si le siguen por aquí o lo dejan por la paz,  y no esos “universos” hechos al alimón (si, te hablo a ti, Dark Universe, te hablo a ti, DC Cómics) donde lo último que importa es el público o la historia.

@elsalonrojo

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